[306] Hijo de Agamenón.

[307] Para comprender estas palabras del frigio, tengamos presente la construcción de las casas griegas, que, según se colige de los distintos datos que se han reunido; era la siguiente: entrábase por la puerta (θύρα) a un vestíbulo (θυρωρεῖον) que tenía distintos aposentos a derecha e izquierda, y servían de establos o cuadras, de portería y de habitaciones para los esclavos; seguía el primer patio con su peristilo y aposentos en los corredores, todo destinado a los hombres (ἀνδροῖτις), y separado por una puerta del gineceo, compuesto también de patio, peristilo y habitaciones (γυναικωνῖτις). En el extremo del gineceo, opuesto a la puerta, había una sala en donde residía de ordinario la dueña de la casa; junto a ella el tálamo nupcial, y detrás las piezas en que trabajaban las esclavas.

[308] Cibeles, hija del Cielo, esposa de Cronos y madre de Zeus, Hera, Poseidón y otros muchos dioses. Representaba a la Tierra, y era adorada principalmente en Frigia y en Creta.

[309] Áyax, hijo de Telamón, rey de Salamina, el más valiente de los griegos después de Aquiles. Peleó con Héctor un día entero sin decidirse la victoria por ninguno de los dos. Tomada Troya se atravesó con su espada, no habiendo conseguido las armas de Aquiles, que disputó a Odiseo, y lleno de vergüenza por haber degollado en su delirio los rebaños de los griegos. (Véase el Áyax furioso, de Sófocles).

[310] Esta escena entre Orestes y el frigio es más bien cómica que trágica, no obstante la situación especial del primero, poco a propósito para abandonarse a tan divertidos diálogos.

[311] Pílades aparecía sin duda como personaje mudo cubierto con su máscara, y el mismo actor representaba su papel y el de Menelao. El tercero, en todo caso, se reservaba para el de Apolo, que no tarda en presentarse.

[312] Los paganos observaban la costumbre de sacrificar antes de ciertos actos solemnes, como las declaraciones de guerra, las batallas, etc., lo cual hacían en Esparta los reyes, como los cónsules en Roma. En este caso era requisito indispensable que el sacrificador no estuviese manchado, como Orestes, con la sangre de su madre. Eurípides, sin embargo, no parece muy conforme con estas ceremonias externas, cuando indica más abajo que lo principal es tener el alma pura.

[313] Esta exclamación de Menelao retrata al vivo su carácter de esposo débil y apasionado de su esposa infiel. Su recuerdo le atormenta, y no puede menos de expresarlo.

[314] Quizá la intervención de Apolo, mirada por algún crítico moderno como un simple adorno de la tragedia para darle más pompa o interés, es necesaria, en nuestro concepto, para desatar el nudo, porque el pueblo argivo, dado caso de intervenir en la contienda, solo trataría de cumplir su sentencia y matar a Orestes, no de incurrir en tan corto plazo en una flagrante contradicción.

[315] Plazo indispensable para purificarse en el destierro del asesinato; según las costumbres griegas.