[316] Región de la Arcadia, llamada así de Parrasio, hijo de Licaón, cerca del monte Estínfalo. Ovidio en el libro II, Fast., dice: Altaque Trœzene Parrhasiæque nives.

[317] Azanes, en la Arcadia, del monte Azán o Azón, próximo al Peneo y Estínfalo, célebre por la fuente de Azania, que, como la Clitoria, tenía la virtud de infundir la sobriedad. Estacio en el libro IV, Teb., dice: Venit et Idæis ululatibus æmulus Azan.

[318] Atenas.

[319] Hebe o la Juventud, hija única de Hera, que servía el néctar a la mesa de los dioses. Resbalose un día en el ejercicio de sus funciones y cayó al suelo, avergonzándose tanto que no quiso comparecer más ante la celestial asamblea. Entonces robó Zeus a Ganimedes, que fue desde su ascensión al cielo el copero de los dioses. Hebe se casó después con Heracles.

[320] Admeto, rey de Feras, en Tesalia, uno de los argonautas y de los cazadores del famoso jabalí de Calidón. Apolo fue protector de su familia porque habiendo sido su pastor fue tratado con benevolencia, y por esta causa libró a su protegido de la muerte, prometiendo a las Parcas otro muerto. Ninguno de su familia quiso dar por él su vida, excepto su virtuosa esposa Alcestis, salvada por Heracles.

[321] Esculapio, hijo de Apolo y de Coronis, dios de la medicina, que le enseñó su protector el sabio centauro Quirón. Acompañó a los argonautas, y a su vuelta resucitó a Esculapio, si bien lo trasladó al cielo, en donde forma una de las constelaciones del Zodiaco. Adorábasele principalmente en Epidauro, Atenas, Pérgamo y Esmirna, y le estaban consagrados el gallo y la serpiente, símbolo de la vigilancia y de la prudencia. Apolo, para vengarse de su padre, mató a los cíclopes, forjadores de los rayos, y por esta causa fue desterrado del cielo.

[322] Feres, según dice Apolod., Bibliot., 1, 9, 11, 14, fue hijo de Creteo y de Tiro, fundador de Feras, ciudad de la Magnesia, a algunas millas de la costa.

[323] Recuérdese que Artemisa dice lo mismo cuando se acerca el momento en que debe expirar Hipólito.

[324] Ni ahora ni después cuenta Eurípides cuál fuese este primer engaño de Apolo. El escoliasta, siguiendo a Esquilo, Euménides, 728, dice que embriagó a las Parcas.

[325] Uno de los trabajos de Heracles, de orden de Euristeo: apoderarse del carro y de los caballos de Diomedes, rey de la Bistonia o Tracia, que se alimentaban de carne humana.