[363] Ciudad de la Tesalia, a orillas del Peneo, capital de Ftiótide, en donde reinó Aquiles.
[364] Según nos dice Cicerón, De leg., l. II, cap. XXV, in Athenis jam ille mos a Cecrope, ut aiunt, permansit ocius terra humandi; quam cum proximi injecerant, obductaque terra erat, frugibus obserebatur, ut sinus et gremium quasi matris mortuo tribueretur. Los primeros monumentos funerarios de los griegos fueron montones de tierra, γῆς χῶμα, rodeados de un muro circular que los sostenía, κρηπίς. El sepulcro de Patroclo, τύμβον, que edificó Aquiles junto a los muros de Troya, era de esta especie. El de Aquiles, que se ve en el promontorio Sigeo, no era distinto de estos, y lo mismo debieron ser los de otros muchos héroes celebrados por Homero. Consistían en verdaderos túmulos, κολῶναι, formando eminencias más o menos elevadas. Tales eran las de las Amazonas, las de los frigios, la de Enómao, el padre de Hipodamía, la de Ífito, Ticio y otros. Todavía se encuentran en Grecia muchos túmulos de esta suerte, observados unos por los viajeros modernos y descritos otros por Pausanias. Sirva de ejemplo la eminencia que se ve cerca de Psófide a orillas del Erimanto, cercada de cipreses, la cual, según opina M. de Pouqueville, es la tumba de Alcmeón. Hállanse túmulos como este en Italia y en el Asia Menor, y cerca de Micenas se veían otros, descritos por Pausanias, que tenían la forma cónica. Otros pueblos de la Grecia enterraban sus muertos en sepulcros abiertos en la roca viva, como se ve en los laberintos de Nauplia.
[365] La de salsa mola, que se rociaba con la sangre de las víctimas.
[366] El texto griego dice terminantemente μία γὰρ ψυχή, porque su alma es solo una. Estas palabras que pronuncia Admeto, inmorales en absoluto, porque revelan un deseo egoísta y antisocial, son, sin embargo, muy naturales en su estado, porque el hombre a quien ciega una pasión, no suele ser enteramente responsable de lo que dice. Verdad es que pocos debieran callar como él, porque si se ve solo, a sí, no a otro lo debe.
[367] Estas palabras que Eurípides pone en boca del coro, han servido a varios glosadores para levantar castillos en el aire. Unos han sostenido que aludía a algún hijo de Pericles, cuando se sabe que los dos que tuvo murieron casi al mismo tiempo, y aquí solo se habla de uno; y otros que a Anaxágoras, del cual dice Cicerón en su Tuscul., III, 14: Fuerat enim auditor (Eurípides) Anaxagoræ, quem ferunt, nuntiata morte filii, dixisse: Sciabam me genuisse mortalem. La verdad es, en nuestro concepto, que el coro dice esto en general para exhortar a Admeto a que sufra con resignación la pérdida de una esposa, cuando no ha faltado quien soporte con moderación la muerte de un hijo único.
[368] La antorcha se componía de pedacitos de pino unidos empapados en resina, y servía en las nupcias y procesiones; su figura era cónica, encendiéndose por la base, no por el vértice, y en este caso los romanos le llamaban tæda. La fax era de un solo trozo de madera resinosa, acabado en punta y mojado en aceite o pez, o bien manojos de estopa bañada en cera, sebo, pez, resina otras materias inflamables metidas en un tubo de metal, ya continuo, ya formando una especie de enrejado.
[369] Eurípides, conociendo que la acción de Admeto era innoble y egoísta, pone ahora en sus labios estas frases que expresan sus remordimientos. No se puede negar que, dada la fábula de la tragedia, este es el lugar acomodado a las quejas de Admeto contra sí mismo, puesto que la conciencia, como juez sapientísimo, solo pronuncia sus sentencias acabada toda la causa, y cuando se disipa la pasión que perturba el ánimo.
[370] Ya en nuestra nota al [verso 936] del Hipólito hemos hablado de los órficos y de sus tablas. Enseñaban misteriosas ceremonias y cantos, con los cuales se recuperaban las perdidas fuerzas y se ahuyentaban las enfermedades y los espíritus malignos. Así lo dice Pausanias, IX, 30, pág. 768. Filócoro, en su Tratado de la adivinación, cita una poesía de Orfeo, y Pausanias dice de él que sus versos épicos aventajaron en belleza a los de todos sus predecesores. Heráclito el físico habla también de las tablas órficas, y el escoliasta de Hécuba, al verso 1243, Matth., dice así: οἱ μὲν περὶ τὸ Παγγαῖον εἶναι τὸ μαντεῖόν φασι τοῦ Διονύσου, οἱ δὲ περὶ τὸν Αἷμον, οὗ εἰσὶ καὶ Ὀρφέως ἐν σανίσιν ἀναγραφαί. Unos sostienen que el oráculo de Dioniso estaba en el monte Pangeo; otros que en el Hemo, en donde se guardan también las tablas de la doctrina de Orfeo.
[371] Macaón y Podalirio, hijos de Esculapio y de Epione o Arsínoe, célebres médicos y hábiles cazadores, capitanes de los guerreros de la Ecalia en el sitio de Troya. Macaón curó a Menelao, herido de un flechazo, y murió a manos de Eurípilo, hijo de Télefo. Podalirio, después de la toma de Troya, naufragó y desembarcó en Caria, en donde se casó con la hija del rey. Ambos fueron adorados después de su muerte.
[372] Pueblo poco numeroso del Asia, en la Paflagonia, entre los tibarenos al O y los mosinecos al E. Abundaba en su país el hierro, y se fabricaba allí mucho acero.