[396] Desde las leyes de Solón, la mujer podía separarse del marido o abandonarlo, no repudiarle, aunque con ciertas restricciones, y exponiéndose a la murmuración pública.
[397] Eurípides, con su ordinaria sencillez, expresa este pensamiento tan profundo como verdadero, porque, en efecto, es una de las más graves injurias que puede recibir una mujer. Séneca, en cambio, en su Medea, verso 573, hace decir al coro estas palabras:
Nulla vis flammæ, tumidique venti
Tanta, nec teli metuenda torti,
Quanta, quum conjux viduata tædis,
Ardet et odit.
[398] Medea, para conseguir su intento, como mujer de claras luces y consumada astucia, no obra como lo hubiera hecho un criminal ordinario. En virtud de un esfuerzo supremo, finge conformarse con las órdenes de Creonte, a quien detesta en realidad, pues bien sabía que Jasón era esposo de Medea y que estaba en su mano oponerse a este enlace, no autorizarlo ni consentirlo; pero no dice que ama a su esposo, a pesar de su infidelidad, sino claramente que lo aborrece, porque lo contrario hubiera sido sospechoso.
[399] Aunque en general sea cierta esta máxima, y en ello, como en todo, tenga gran importancia la buena o mala fortuna, no es lo menos que mucha parte de estos males nos son imputables, examinados de cerca y conocidas sus causas. La fortuna hace un gran papel en el mundo cargando con nuestras torpezas y desaciertos, y si no existiera, más de una vez habíamos de vernos en apurado atolladero.
[400] A los partidarios de la exagerada verosimilitud, no de la prudente, diremos que nos expliquen la connivencia de las mujeres corintias que componen el coro en los proyectos criminales de Medea, extranjera, odiosa por su mala fama y por su orgullo, y dirigidos contra Creonte, su rey, y contra su inocente hija. Parecía natural que el coro no se hubiese compuesto de corintias, sino de esclavas de Medea, o de otra cualquier manera.
[401] Hécate, deidad infernal llamada así, según algunos etimologistas, de la palabra griega ἑκατόν, ciento, porque retenía cien años a las orillas de la Estigia a las almas de los insepultos. A veces se confunde con Artemisa, y a veces es una diosa distinta, hija del Sol, según Hesíodo. Otros aseguran que fue una mágica temible, que envenenó a su padre y se casó con Eetes, de cuyo matrimonio nacieron Medea y Circe. El triple culto de Hécate, Artemisa y la Luna parece una reminiscencia del de la Isis egipcia.