[411] Egeo, rey de Atenas e hijo de Pandión, y padre de Teseo. Vencido por Minos, rey de Creta, tuvo que pagarle anualmente un tributo de siete doncellas y otros tantos mancebos, que devoraba el Minotauro. Teseo mató a este monstruo, y a la vuelta, y habiéndosele olvidado arbolar en su buque la señal que había de anunciar el fausto éxito de su expedición, Egeo creyó que había perecido, y se precipitó en la mar, que desde entonces llevó su nombre.

[412] Este oráculo enigmático significa lo que traducimos, o bien si πόδα equivale a pudendum, y ἀσκοῦ, venter, que no toque a mujer alguna. Adviértase que este oráculo, no decente del todo, no es invención de Eurípides, sino tradicional y conocido de todos, y así no extrañemos que se oyese en una tragedia, fiesta solemne y religiosa.

[413] Sobre Piteo véase la nota al [prólogo del Hipólito], que pronuncia Afrodita.

[414] Hermes, hijo de Zeus y de Maya, dios de la elocuencia, de los comerciantes y ladrones; era también el conductor de las almas a los infiernos y mensajero de los dioses. Habiendo robado el tridente de Poseidón, la espada de Ares γ el cinturón de Afrodita, fue desterrado del cielo y guardó con Apolo los rebaños de Admeto. Transformó a Bato en piedra de toque, y hurtó las armas y la lira de Apolo. Fue también el matador de Argos, el de los cien ojos, como se ve representado en el cuadro del inmortal sevillano Velázquez.

[415] Creían los griegos y romanos que la densidad del aire que se respiraba influía en los ingenios de los hombres, y por esto eran tardos los beocios y vivos los atenienses. Horacio, en el libro II de sus Epístolas, verso 244, dice así:

Quod si

Judicium subtile videndis artibus illud

Ad libros et ad hæc Musarum dona vocares,

Bœotum in crasso jurares aere natum.

Cicerón, en el libro II de Nat. deorum, 16, dice también: Etenim licet videre acutiora ingenia et ad intelligendum aptiora eorum, qui terras incolant eas, in quibus aer sit purus ac tenuis, quam illorum, qui utentur crasso cœlo atque concreto.