Posada mano descargó este golpe. ¿Entramos? ¡Socorramos a Hécuba y a las troyanas!
HÉCUBA (saliendo de la tienda con sus esclavas).
Golpea, nada perdones; rompe las puertas; nunca verán tus ojos la luz, ni tampoco a tus hijos, muertos a mis manos.
EL CORO
¿Venciste al tracio, triunfaste de él, ¡oh mi dueña!, e hiciste lo que pensabas?
HÉCUBA
Lo veréis ciego delante de la tienda, vacilando con pies torpes, y los cadáveres de sus dos hijos, a quienes dimos muerte yo y las valerosas troyanas. Ya me he vengado. Míralo cómo sale de la tienda; pero huyo para escapar de la rabia de tan feroz tracio.
POLIMÉSTOR (sale vacilante de la tienda,
a cuya entrada deja los cadáveres de sus hijos).
¡Ay de mí! ¿Adónde iré? ¿A quién acudiré? ¿A quién llamaré? Andando con las manos como los animales que frecuentan las selvas, ¿por dónde me dirigiré para apresar a las homicidas troyanas que me hirieron? ¡Malvadas, malvadas doncellas frigias! ¡Malditas seáis! ¿Adónde se habrán refugiado, huyendo de mí medrosas? ¡Si curaras, si curaras, ¡oh sol!, mis ensangrentados párpados y disiparas las tinieblas que me cercan! (Se detiene y escucha). Pero callemos; siento aquí tímidos pasos de mujeres. (Corriendo ciego). ¿Adónde me arrojaré para saciarme de huesos y de carne, celebrando un festín como el de las fieras de los montes y vengando mi mano la mutilación que he sufrido? ¡Oh desgraciado! (Se detiene y vuelve a la tienda). ¿Adónde, por dónde caminaré, dejando entregados mis hijos a estas infernales bacantes,[74] que los despedazarán después de haberlos asesinado, y los ofrecerán llenos de sangre a los perros, o los arrojarán a las fieras de las montañas? ¿En dónde me detendré? ¿Adónde iré? ¿Adónde tornaré, como nave de fuertes cordajes que pliega sus velas de lino, precipitándome hacia este lecho mortal para guardar el cuerpo de mis hijos? (Se sienta al lado de sus hijos).
EL CORO