Inspice hoc facinus, priusquam fiat; prohibissis scelus.
[436] Véase la nota al prólogo de esta tragedia, que pronuncia la nodriza.
[437] M. Artaud dice en su nota a estos versos que pronuncian los hijos de Medea: Plusieurs critiques ont acusé ici le chœur de nonchalance et de lenteur; mais, dès qu’il a entendu les cris des enfants, il a couru vers le palais, et aussitôt que les portes s’ouvrent, il voit le crime consommé: c’est alors qu’il prononce les imprecations suivantes contre Médée. No; el coro no socorre a los hijos de Medea porque encuentra cerradas las puertas, y las imprecaciones que pronuncia contra Medea no son hijas de la indignación que le produce el asesinato de esos niños inocentes, puesto que Jasón, que llega poco después, las halla también cerradas y manda a los servidores que las abran.
[438] Ino fue hija de Cadmo y de Hermíone, y mujer de Atamante, rey de Tebas. Repudiada por su esposo, que se casó con Néfele, volvió después a ocupar su lecho, y dio a luz dos hijos, llamados Melicertes y Learco. Celosa de los que Atamante tenía de Néfele, a saber, de Frixo y Hele, logró que su marido decretase su muerte; pero ambos, sabedores de la desdicha que les aguardaba, huyeron a la Cólquida en una oveja de vellón dorado. Atamante, presa de las Furias, estrelló a Learco contra una muralla, e Ino, desesperada, se arrojó a la mar con Melicertes, siendo transformados una y otro en dioses marinos. Hartung, en su nota al verso 1245, expone el argumento de una tragedia perdida de Eurípides, titulada Ino, cuya fábula es distinta. Hemos preferido seguir la opinión más admitida en este punto.
[439] Escila, ninfa siciliana, amada de Glauco, el dios marino. Circe, su rival, la transformó en peñasco que tenía cierta semejanza con una mujer. Su busto se elevaba sobre la mar, y de su cintura salían las cabezas de seis perros horribles que ladraban sin cesar. Las olas se arremolinaban alrededor y hacían muy peligrosa la navegación. Yacía en el mar Tirreno. Hoy, sea por los progresos de la náutica, sea por revoluciones volcánicas que acaso hayan variado la configuración de estos peñascos, no es su paso tan difícil.
[440] Esta disputa conyugal, no del todo trágica, nos recuerda los insultos que Aquiles prodiga a Agamenón en el canto I de la Ilíada. Tiene, sin embargo, su mérito, como las inocentadas de los niños y de los campesinos, indicio de ordinario de cierta virginidad de corazón y falta de malicia, que nos agrada por el contraste que forma con épocas más cultas y seres más corrompidos.
[441] Tito Livio, XXXII, 231, dice así: Promontorium est adversus Sicyonem Junonis, quam vocant Acræam, in altum excurrens; trajectus inde Corinthum septem milia ferme passuum.
[442] Sísifo, hijo de Eolo, fundador de Éfira, después Corinto.
[443] Así, en efecto, murió luego Jasón.
[444] Estos versos, que pronuncia Medea y hallamos también en Helena, Las Bacantes, Las Suplicantes y Andrómaca, indican que Eurípides, ya que no lo hiciese en el fondo y traza de las tragedias, rendía, sin embargo, homenaje a las opiniones del público, acerca de lo que debían ser tales composiciones dramáticas, y a los precedentes sentados por Sófocles, Esquilo y otros poetas. Adviértase, no obstante, que no es el destino el autor de estas calamidades, sino Zeus o la Providencia.