[428] Como viven los muertos en el infierno.

[429] Pocas situaciones dramáticas pueden compararse a esta de Medea, y pocos poetas han creado caracteres tan eminentemente trágicos como el de esta heroína griega. Luchando a un tiempo con tantas y tan poderosas pasiones, víctima de los celos, de su amor a Jasón, del cariño a sus hijos, de su ignominia, viéndose despreciada tan públicamente, y de su ardiente sed de venganza, ya como frágil nave arrastrada por opuestos vientos cede a la fuerza del más poderoso, ya endereza con trabajo su rumbo y prosigue su peligroso viaje.

[430] Debemos suponer que Jasón entró primero y anunció a la hija de Creonte, su esposa, el regalo que le traían sus hijos, porque de otra manera, y siendo tan rápida la visita, ni tuvo la desposada tiempo para fijarse en uno con complacencia, y en los otros con desagrado, ni pudieron advertirlo sus servidores.

[431] Rogamos al lector que nos perdone la repetición de la palabra hijos, necesaria si la traducción ha de ser fiel y ha de expresar con sencillez el pensamiento del poeta. En esta parte no eran los griegos tan exigentes, ni el gusto del público se paraba en tales nimiedades. Advertiremos para lo sucesivo que cuando las encuentren tengan en cuenta que nosotros nunca repetimos una misma voz ni la mitad de las veces que el original.

[432] Creían los griegos que la epilepsia era producida por Pan o por otra deidad, y miraban a los que la padecían con cierto temor respetuoso. Todos sabemos el partido que sacó Mahoma de esta enfermedad.

[433] Estos símiles, familiares a todos los griegos, son comunes en sus poetas. El pletro equivale a unos 31 metros.

[434] Este epifonema, algo largo en verdad para llamarlo así, es más natural de lo que a primera vista parece, porque ocurre de ordinario en estos o parecidos términos a los que presencian la muerte de los poderosos de la tierra. También es cierto que los filósofos, o los que se dedican exclusivamente a la investigación de la verdad, son los más propensos a extrañas aberraciones, ya arrastrados por su espíritu sistemático, ya por su escaso conocimiento del mundo y de los hombres, como lo prueban, entre otros muchos, Platón en su República, y el obispo Berkeley.

[435] Ennio traduce así el principio de este canto del coro:

Jupiter, tuque adeo summe Sol, res omnes qui inspicis,

Quique lumine tuo maria, cœlum ac terram contues