No acerques tu mano ni toques mi vestido.

LA NODRIZA (echándose a sus pies).

¡Por tus rodillas, que abrazo, no me pierdas!

HIPÓLITO

¿Y cómo así, cuando, según aseguras, no has dicho nada malo?

LA NODRIZA

Lo que yo he dicho, ¡oh hijo!, no debe saberlo el vulgo.

HIPÓLITO

Mejor es, sin embargo, que el vulgo solo sepa lo bueno.

LA NODRIZA