EL CORO
Solo esto sabemos; hace poco, ¡oh Teseo!, que yo, que deploro tus males, llegué a este palacio.
TESEO
¡Ay, ay! ¿A qué me presento llevando en mi cabeza corona de hojas entrelazadas, consultor desventurado del oráculo? (Se arranca la corona). Abrid las puertas, servidores; quitad las barras, para que contemple el horrible espectáculo que va a ofrecerme mi esposa, cuya muerte me ha perdido. (Ábrense las puertas y dejan ver el cadáver de Fedra).[126] ¡Ay, ay! ¡Cuán infortunado soy! ¡Cuán crueles mis males! Tú también has sufrido; tú que has osado cometer una acción que será la ruina de tu familia. ¡Ay, ay! ¡Cuánta ha sido tu audacia! ¡Oh tú, muerta violentamente con muerte impía y por tus mismas manos! ¿Qué dios, ¡oh desdichada!, te borró del libro de la vida? ¡Ay de los males que mísero sufro! Este es el mayor de todos. ¡Oh fortuna funesta para mí y para mi palacio, mancha inesperada, obra de las Furias, que pondrá término a mi vida intolerable![127] Solo vislumbro un piélago de desdichas, del cual nunca podré salir sin luchar con sus calamitosas olas. Quitad las barras, que yo contemple ese horrible espectáculo. ¿Con qué palabras, cómo, desgraciado, apostrofaré a tu adversa fortuna, ¡oh mujer!? Te escapaste de mis manos volando como un ave, y con salto rápido te lanzaste en la morada de Hades. ¡Ay, ay, ay, ay! Dignos de lástima son estos infortunios. Por alguna causa estaba condenado a esta pena hace tiempo; quizá por haber faltado a los dioses alguno de mis progenitores.
EL CORO
No eres tú solo el que sufre estos males repentinos, que otros muchos han perdido también sus esposas.
TESEO
A las infernales, a las infernales tinieblas quiero descender, y vivir sin ventura en ellas, privado de tu muy dulce trato. Mayor es mi desdicha que la tuya. ¿Quién declarará, ¡oh mujer!, la causa de ese fatal propósito? ¿Me lo dirán, o en vano estará lleno mi real palacio de esta muchedumbre de criados? ¡Cuánto lloro, ay de mí, desventurado, que ya veo el luto que ha de cubrir esta mansión, que ni puede expresarse ni tolerarse! Yo muero: desierto está mi hogar, huérfanos mis hijos. (Se precipita sobre ella y abraza su cadáver).
EL CORO
Nos has abandonado, nos has abandonado, ¡oh amada!, la mejor de las mujeres que ven la luz del sol, y la luna, que alumbra de noche, rodeada de estrellas. ¡Desventurada de mí, cuántos males sufre este palacio! Mis párpados, húmedos de lágrimas, llorarán tu destino; ya preveo con horror el nuevo infortunio que nos amenaza.