Pronto lo decidirá la suerte.

SEGUNDO SEMICORO

¡Ay, ay de mí! ¿Cuál de los argivos o de los ftiotas[17] me llevará lejos de Troya a alguna isla?

HÉCUBA

¡Ay, ay de mí! ¿A quién serviré yo, infeliz anciana, en qué país, en qué país, abeja ociosa, mísera imagen de la muerte, trasunto de impalpables manes? ¿Guardaré quizá algún vestíbulo, o cuidaré de los niños[18] que me confíen, después de disfrutar en Troya de regios honores?

EL CORO (júntanse los dos semicoros).

Estrofa 3.ª — ¡Ay, ay de mí! ¿Qué lamentaciones bastarán para deplorar tu indigna suerte? No tejeré con la lanzadera telas ideas de varios colores. Por última vez saludo los cuerpos de mis hijos, por última vez; más graves serán mis trabajos,[19] ya en el lecho de los griegos (¡maldita noche!, ¡funesto destino!), o miserable sierva, trayendo agua de las puras ondas de Pirene.[20] ¡Ojalá que vayamos a la región preclara y afortunada de Teseo! Al menos que yo no vea al revuelto Eurotas, mansión odiosa de Helena, en donde serviría a Menelao, el destructor de Troya.

Antístrofa 3.ª — Sagrada es la tierra que baña el Peneo,[21] asiento bellísimo del Olimpo, abundante en riquezas, según dice la fama, y en sabrosos frutos. ¡Que vaya yo a ella, ya que no sea a la región sagrada y divina de Teseo! Alabáronme las coronas que premian la virtud de los habitantes de la Etnea,[22] amada de Hefesto, enfrente de la Fenicia, y madre de los montes Sículos. Los navegantes celebran también la tierra vecina al mar Jónico, regada por el Cratis,[23] de apuesta y blonda cabellera, que con sus sagradas fuentes le da vida, derramando la dicha en sus márgenes populosas. Pero he aquí un heraldo del ejército griego, que sin duda llega con ligeros pasos a comunicarnos nuevas órdenes. ¿Qué trae? ¿Qué dice? Ya somos esclavas de la Dóride.[24]

TALTIBIO

Te acordarás, ¡oh Hécuba!, de haberme visto en Troya en distintas ocasiones de heraldo del ejército aqueo; yo, Taltibio, a quien tú conoces, ¡oh mujer!, vengo a anunciarte una ley sancionada por todos los griegos.