Dímelo, decláramelo, para que, al hablar, mi lengua lo confirme.

AGAMENÓN

Además de mi carta anterior, te remito esta, ¡oh hija de Leda!, para que no venga tu hija al estrecho sinuoso de la Eubea, a Áulide, abrigada de las olas. El año próximo inmediato celebraremos su himeneo.

EL ANCIANO

Pero ¿cómo Aquiles, viéndose engañado, no se encolerizará, indignándose contra ti y contra tu esposa? Peligroso es esto. Dime lo que piensas.

AGAMENÓN

Aquiles solo es el pretexto, no la verdadera causa de su venida, y nada sabe de tales nupcias, ni de nuestros proyectos, ni que yo haya dado palabra de casarlo con mi hija, ni de entregársela.

EL ANCIANO

Grave es lo que meditas, rey Agamenón, pues en vez de casar a tu hija con el hijo de la diosa, piensas sacrificarla a los griegos.

AGAMENÓN