¡Ay de mí, he perdido el juicio! ¡Ay, ay de mí, me precipito en mi daño! Pero vete ligero y olvídate de tu edad.

EL ANCIANO

Ya corro, ¡oh rey!

AGAMENÓN

Que no te detengas en las fuentes umbrosas ni te dejes dominar por el dulce sueño.

EL ANCIANO

Ruégote que pronuncies palabras de buen agüero.

AGAMENÓN

Siempre que atravieses una encrucijada mira alrededor, cuidando de que no se te oculte ningún carro de veloces ruedas que traiga a mi hija a las naves de los hijos de Dánao. Y si encuentras a los que la conducen, hazlos volver, apodérate de las riendas y llévalos a las murallas de los cíclopes.

EL ANCIANO