Así lo haré.

AGAMENÓN

Pero anda, sal cuanto antes de esta plaza.

EL ANCIANO

Mas, dime, ¿cómo darán crédito a mis palabras tu esposa e hija?

AGAMENÓN

Guarda el sello que cubre esta carta. Vete. Ya brilla la aurora y palidece esta luz, y asoma el fuego de la cuadriga del sol. Sírveme en mis trabajos. Ningún mortal es dichoso hasta el fin; ninguno ha habido hasta ahora que no conozca el dolor. (Vanse Agamenón y el anciano).

EL CORO

Estrofa 1.ª — He venido a la arenosa costa de la marítima Áulide navegando por las ondas de Euripo hasta el angosto estrecho, y dejando la Cálcide,[241] mi ciudad, bañada por la ínclita Aretusa,[242] que se precipita en la mar, para ver el ejército de los aqueos y las mil naves de belicosos guerreros que se dirigen a Troya, mandados por el blondo Menelao y por el noble Agamenón. Tratan, según cuentan nuestros esposos, de recobrar a Helena, robada del Eurotas, abundante en cañas, por el pastor Paris, don que le hizo Afrodita cuando, cerca de la oculta fuente, la declaró más bella que sus dos rivales Hera y Palas.

Antístrofa 1.ª — Presurosa atravesé el bosque en donde se elevaba el humo de muchos sacrificios en honor de Artemisa, tiñendo mis mejillas juvenil rubor por contemplar las trincheras de los que llevan clípeos, las tiendas de campaña de los hijos de Dánao y los escuadrones de caballos. Y he visto a los dos Áyax, amigos, al hijo de Oileo y al de Telamón, gloria de Salamina, y a Protesilao, que con Palamedes, el nieto de Poseidón, juega con varias figurillas;[243] y a Diomedes, aficionado a lanzar el disco, y junto a él a Meriones,[244] de la raza de Ares, portento entre los hombres; y al hijo de Laertes, oriundo de insulares montes, y a Nireo,[245] el más hermoso de los griegos.