AGAMENÓN
¿Y dejará de ser un abuso? ¿No podré gobernar mi casa?
MENELAO
Fácilmente varías de parecer: ahora piensas así, antes de otra manera, después pensarás de otra distinta.
AGAMENÓN
Sagaz eres en demasía; perjudicial la lengua hábil en hacerse odiosa.
MENELAO
Los ánimos versátiles, no sinceros, son injustos con los amigos. Pero deseo convencerte, para que ni la ira te desfigure la verdad, ni digas que te hablo con desprecio. ¿Acuérdaste de cuando deseabas llevar a los griegos a Troya, no fingida, sino verdaderamente, cuán humilde eras y cómo estrechabas todas las diestras y dabas acceso en tu palacio a todo el pueblo, y audiencia aunque no quisieran, mostrándote afable con exceso, para que te confiasen el supremo mando? Y después, así que te lo concedieron, variaste de conducta, no fuiste ya amigo de tus amigos como antes, era difícil verte, y rara vez se te hallaba en tu palacio. El hombre probo que obtiene el mando, no debe ser tan inconstante, sino, al contrario, amar más a sus amigos, porque si la fortuna le sonríe, puede servirles mejor. Tales son tus primeras faltas. Después que llegaste a Áulide con todo el ejército, para nada servías, consternado con el contratiempo que te suscitaron los dioses, oponiéndose a nuestra navegación. Pero los griegos te pedían que disolvieras la armada, para no sufrir en Áulide inútilmente. ¡Qué triste era tu semblante y cuánta tu turbación si, capitán de cien naves, no llenabas con tus soldados los campos de Príamo! Y me mandabas llamar y me decías: «¿Qué haré? ¿Qué remedio pondré?». Y todo por temor de perder el mando y la preclara gloria que esperabas conseguir. Después, cuando Calcas sacrificó y te intimó que mataras a tu hija en honor de Artemisa, y que solo así podrían navegar los griegos, te llenó de gozo y prometiste hacerlo; y voluntariamente ordenaste a tu esposa, no obligado por la fuerza, como no te atreverás a sostener, que enviase aquí a tu hija con el pretexto de casarla con Aquiles. Luego cambias de parecer, y averiguamos que remites otras cartas y que no inmolarás a tu hija, lo cual, en verdad, no te favorece mucho. Así también se desprende de tus últimas palabras. Lo que a ti, sucede a muchos en la gestión de los negocios públicos: primero se afanan cuanto pueden, y a poco decaen vergonzosamente, ya por temor a necias hablillas, ya con razón, porque no pueden defender a la república. Duélome sobre todo de la mísera Grecia, que deseaba acometer gloriosa empresa y se ve forzada a dejar impunes a bárbaros que nada valen, y que se burlarán de ella por tu causa y por tu hija. A ninguno pondría yo al frente de un estado ni de un ejército por su interés personal; el que manda en una ciudad ha de ser prudente; así cualquiera puede gobernarla, con tal de que sea sensato.
EL CORO
Amargo espectáculo es el de hermanos que se querellan, disputan y dan voces.