AQUILES

Hablemos antes con tu esposo. Acaso la razón recobre en él su imperio.

CLITEMNESTRA

Es cobarde, y teme al ejército demasiado.

AQUILES

Pero hay ciertas razones más convincentes que otras.

CLITEMNESTRA

¡Triste esperanza! Di, no obstante, lo que he de hacer.

AQUILES

Primero le suplicarás que no sacrifique a tu hija, y si se resistiese, recurre a mí. Si lo persuades, como deseas, no hay necesidad de que yo intervenga en nada, que así se salvará tu hija, y él, que es mi amigo, me lo agradecerá, y el ejército no me culpará porque haya empleado la persuasión, no la fuerza. Y si consigues tu objeto, tú y los demás os congratularéis de que todo se haya acabado sin mi mediación.