CLITEMNESTRA

¡Cuán juiciosamente has hablado! Se hará como deseas. Y si no realizo mi propósito, ¿en dónde podré verte? ¿Adónde he de acudir en mi desventura, para encontrar tu mano, que ha de consolarme en mis males?

AQUILES

A mí cargo queda defenderte cuando sea menester, y yo cuidaré también de que nadie te vea atravesar consternada el ejército; que no deshonres tu linaje paterno, porque Tindáreo es famoso entre los griegos.

CLITEMNESTRA

Así será; manda y yo obedeceré. Si hay dioses, tú, que eres justo, serás premiado; si no, ¿para qué afligirnos?

EL CORO

Estrofa. — ¿Qué epitalamio resonó acompañado de la flauta líbica y de la cítara, que alegra a los coros, y de las flautas de leve caña, como cuando atravesaron el Pelión las piérides de hermosos cabellos, e hirieron la tierra con sus doradas sandalias, y vinieron a las nupcias de Peleo, y en las selvas peliacas, en los montes de los centauros, alabaron a Tetis, al hijo de Éaco, con sus voces melodiosas? El hijo de Dárdano, delicia de Zeus, el frigio Ganimedes, escanció el néctar en copas profundas de oro, y las cincuenta hijas de Nereo celebraron juntas las bodas, saltando en círculo sobre la blanca arena.

Antístrofa. — Con dardos de abeto y coronas de grama acudió la ecuestre muchedumbre de los centauros al festín de los dioses, y a gustar el licor de Dioniso. Tales fueron las aclamaciones de las hijas de Tesalia: «Brillante, brillante astro, ¡oh hija de Nereo!, anuncian el profeta Apolo y el centauro Quirón (discípulo de las musas y conocedor de las generaciones futuras) que vendrá al campo troyano con los mirmidones armados de lanzas, a arrasar con el fuego la tierra ínclita de Príamo, revestido de armas de oro fabricadas por Hefesto, y don de su madre, la diosa Tetis, que lo dio a luz en hora afortunada». Entonces celebraron los dioses el noble enlace de Peleo con la primera de las nereidas.

Epodo. — Pero los griegos, ¡oh Ifigenia!, coronarán tu apuesta cabellera, gala de tu cabeza, como si fueses ternerilla inmaculada y de manchada piel que viene de las peñascosas cavernas de los montes, y llenarán de mugre tu cerviz, sin haberte criado al son de la flauta ni de los cantos de los pastores, sino al lado de tu madre, que te destinaba para esposa de alguno de los hijos de Ínaco.[270] ¿Qué valdrán el pudor y la virtud en donde domina la impiedad, en donde los mortales desprecian lo bueno y la injusticia se sobrepone a las leyes, y no todos se afanan en huir de la cólera del cielo?