HÉCUBA

¡Ay de mí, desventurada! Este es el enigma a que aludió hace poco Taltibio, oscuro entonces y ahora claro.

ANDRÓMACA

Yo misma la vi, y descendí de este carro, la cubrí con su peplo, y lloré sobre su cadáver.

HÉCUBA

¡Ay, ay hija mía, impío sacrificio! ¡Ay, ay de mí otra vez; triste ha sido tu muerte!

ANDRÓMACA

Murió, como sabemos, pero más feliz es su suerte que la mía, aunque yo viva.

HÉCUBA

No es lo mismo, ¡oh hija!, vivir que morir; la muerte es la nada,[44] y a la vida queda la esperanza.