¿Por qué invocas a los dioses, tratando solo de mis asuntos particulares?
ORESTES
Prosigue, no es nada; me había distraído. Preguntando después, averiguaré cosas increíbles.
IFIGENIA
Dile que Artemisa me salvó poniendo en mi lugar una cierva, a la cual mató mi padre creyendo que desenvainaba contra mí su espada, y después me trajo aquí. Tal es el contenido de mi carta.
PÍLADES
¡Oh, con qué juramento tan fácil de cumplir me obligaste, y cuán grata es la condición que fijaste al hacer el tuyo! No tardaré mucho en verme libre de ese sagrado lazo. He aquí cómo llevo tu carta y te la entrego, ¡oh Orestes!, de parte de tu hermana.
ORESTES
La acepto; dejaré, pues, a un lado las plegadas cartas, y gozaré de este placer, y no, en verdad, con meras palabras. ¡Oh hermana muy querida!; aunque mi sorpresa es grande, te estrecharé sin embargo en mis brazos. Increíble es lo que me pasa; disfrutaré de este puro goce oyendo milagros portentosos.
EL CORO