La acción es en Egipto, en la isla de Faro, a la desembocadura
del Nilo, cerca de la costa.

Se ve en el teatro el palacio del rey de Egipto, y delante, hacia uno de los lados, el sepulcro de Proteo, en el cual yace Helena suplicante.

HELENA

He aquí las puras ondas del Nilo,[308] que en vez de rocío del cielo se difunde por las sierras de Egipto al derretirse la blanca nieve, y riega sus campos. Proteo,[309] cuando vivía, reinaba aquí, y habitaba en la isla de Faro,[310] casado con Psámate, virgen marina, después que abandonó ella el lecho de Éaco.[311] Tuvo dos hijos en este palacio, un varón llamado Teoclímeno, porque pasó su vida adorando a los dioses, e Ido, noble doncella, delicias de su madre en sus tiernos años, llamada Teónoe en edad núbil por su conocimiento de las cosas divinas, así presentes como futuras, don de su abuelo Nereo.[312] Esparta es nuestra patria, no innoble, en verdad, y Tindáreo nuestro padre. Según dice la fama, Zeus, transformándose en alado cisne, voló al seno de mi madre Leda y fue su esposo clandestino, fingiendo huir de un águila que lo perseguía, si la tradición no miente. Me llamo Helena, y publicaré los males que he sufrido. Tres diosas, Hera, Afrodita y la virgen hija de Zeus,[313] fueron al monte Ida[314] en busca de Alejandro,[315] a conquistar la palma de la belleza, haciéndolo su juez. Afrodita venció, prometiéndole mi mano y la posesión de mi hermosura, si tal puede llamarse la causa de mi desdicha. Y el ideo Paris, dejando sus rebaños, fue a Esparta para lograrla. Pero Hera llevó a mal no haber vencido a las otras diosas, y anuló mi matrimonio con Alejandro, y no consintió que me poseyera el hijo del rey Príamo, dándole en mi lugar una viva imagen mía formada de aire, y creyó falsamente disfrutarme, engañado por la diosa. Juntáronse a estos males ciertos proyectos de Zeus, que movió guerra entre los griegos y los infelices frigios, para aliviar a la madre Tierra de tan inmensa multitud de hombres y dar imperecedera gloria al más esforzado de los aqueos.[316] En poder de los frigios (yo no, sino mi vano nombre), fui para sus enemigos galardón de la victoria, pero Hermes me llevó volando por los aires, y ocultándome en una nube (no se olvidó de mí Zeus), me trajo a este palacio de Proteo, por creerlo el más casto de los hombres, y con la mira de conservarme inmaculada para mi esposo Menelao. Y aquí estoy, y él, desdichado, al frente de su ejército, me busca como si me hubiesen robado en los alcázares de Troya. Muchos guerreros sucumbieron por mi causa a las orillas del Escamandro,[317] y yo, a pesar de mis incomparables sufrimientos, soy para ellos una mujer execrable, causa única de grave guerra en la Grecia, por haber faltado a mi marido. ¿Por qué vivo, pues, aún? El dios Hermes me dijo que algún día habitaría con mi esposo en la ínclita tierra de Esparta, cuando supiese que yo no había estado en Troya, ni profanado mi lecho. Mientras vio Proteo la luz del sol, estuve libre de nuevos pretendientes: pero desde que se sepultó en las tinieblas de la tierra, me persigue su hijo, ansioso de casarse conmigo. Y yo, fiel a mi primer esposo, vengo a prosternarme suplicante en este monumento de Proteo, para pedirle que conservo puro mi tálamo y no sea deshonrado mi cuerpo, ya que mi nombre es infame en toda la Grecia.

TEUCRO[318] (que llega del campo).

¿Quién es el señor de este palacio fortificado? Digno es de Pluto,[319] según parece, por sus vastas y regias murallas y por sus elevadas almenas. ¿Qué es esto? ¡Cielos! ¿Qué veo? Es la mujer más odiosa, cuya funesta hermosura fue causa de mi perdición y de la de todos los griegos. Maldígante los dioses, porque pareces otra Helena. Si este no fuese un país extranjero, te daría muerte mi alada flecha, en castigo de tu semejanza con la hija de Zeus.

HELENA

¿Por qué me rechazas, ¡oh desventurado!, quienquiera que seas, y por ajenas maldades me aborreces?

TEUCRO

Me equivoqué. Me dejé llevar de la ira más de lo que debía, porque toda la Grecia odia a la hija de Zeus. Perdona mis palabras, mujer.