TEUCRO
Dicen que son dioses convertidos en astros.
HELENA
Agrádame lo que has dicho; ¿y cuál es el otro rumor que corre?
TEUCRO
Que han muerto a manos de su hermana. Pero bastante he hablado; no quiero llorar dos veces. Y ya que he venido a este palacio en busca de la profetisa Teónoe, ayúdame para que pueda oír los oráculos y dirigir después mi nave hacia la marina Chipre, en donde el adivino Apolo ordena que me establezca y ponga a la ciudad que funde el nombre de Salamina,[324] en recuerdo de mi patria.
HELENA
Navega, ¡oh extranjero!, y sabrás lo que deseas; pero huye de esta tierra antes que sepa tu llegada el hijo de Proteo, su soberano; ausente está ahora persiguiendo a las fieras con sus perros; mata a todos los griegos que cautiva, y no me preguntes la causa que le mueve a ello, que no te lo diré, ¿pues de qué te serviría saberlo?
TEUCRO
Bien has dicho, mujer. Que los dioses recompensen el bien que me haces. Aunque tu forma sea parecida a la de Helena, no solo no es tu alma como la suya, sino muy desemejante. Mala muerte tenga, que no vuelva a las orillas del Eurotas, y que tú, ¡oh mujer!, seas siempre feliz. (Retírase).