HELENA

Principio ahora a deplorar mi infortunio y mis grandes dolores. ¿Cuáles serán mis lamentaciones? ¿Cuál mi lúgubre canto? ¿Golpearé mi pecho, gemiré o lloraré?

Estrofa 1.ª — Vírgenes sirenas,[325] hijas de la Tierra, alígeras doncellas, ¡ojalá que vengáis a acompañar mis sollozos con la flauta líbica o la siringa,[326] y las tristes lágrimas que me hacen derramar mis desdichas!; que vuestros dolores, que otros lúgubres cantos concuerden con los míos, y que vuestra musa, lamentándose como la mía, envíe a Perséfone funestas, funestas quejas, ofrenda regada de lágrimas, himnos en honor de los muertos, que penetrarán en su tenebroso palacio.

EL CORO (que aparece en el teatro).

Antístrofa 1.ª — Fui casualmente a la orilla del mar cerúleo a secar en delgadas cañas o sobre el entretejido césped purpúreos vestidos a los dorados rayos del sol, cuando oí flébil sonido de flauta melodiosa, mezclado de sollozos y lamentos, como de alguna náyade[327] que llorase a su fugitivo amante, resonando en las cavernosas grutas el eco de su llanto, enamorada de Pan.

HELENA

Epodo. — ¡Oh dolor!, ¡oh dolor!, doncellas griegas apresadas por bárbaro bajel; un navegante griego ha llegado, sí, ha llegado para aumentar mis lágrimas, anunciándome la ruina y el incendio de Ilión por sus enemigos, y todo por mi causa, por mi causa, por mi nombre desdichado, origen de muchas muertes. Leda pereció en fatal nudo, víctima del dolor de mi deshonra; mi esposo ha sucumbido, después de andar errante por los mares, y Cástor y Pólux, los dos gemelos, gloria de su patria, han desaparecido, sí, han desaparecido, dejando solitarios los campos que hollaron sus caballos y las orillas del Eurotas, llenas de delgadas cañas, gimnasio de sus ejercicios juveniles.

EL CORO

¡Ay, ay, ay, ay de mí! ¡Fortuna deplorable, funesto destino, oh mujer! Mísera es tu suerte, mísera sin duda desde que Zeus, hendiendo brillante los aires con sus alas de cisne, blancas como la nieve, te engendró en tu madre. ¿Qué mal no te aflige? ¿Qué dolor no has sufrido? Murió Leda, y los dos gemelos, hijos queridos de Zeus, no son felices; no huellas tu suelo patrio, y en las ciudades de la Grecia corre un rumor, ¡oh mujer veneranda!, que te acusa de haber celebrado bárbaro himeneo; tu esposo ha perecido en las ondas del mar, y nunca serás dichosa en tu patria, ni en el templo de Atenea Calcieco.[328]

HELENA