¡Oh anciana!, bien me parece cuanto has dicho. No te molestaré más, y quiero obedecerte, pero déjame hablar.
LA VIEJA (rechazándolo).
Vete; mi obligación es, ¡oh extranjero!, impedir que ningún griego se acerque a este palacio.
MENELAO
¡Ah!, no me amenaces con el puño ni me rechaces tan despiadadamente.
LA VIEJA
No haces ningún caso de mis palabras; la culpa es solo tuya.
MENELAO
Ve a decirlo a tus amos.
LA VIEJA