¿De dónde la han traído? ¿Quién entenderá esto?

LA VIEJA

Vino de la Laconia.

MENELAO

¿Cuándo? (Aparte). ¿Habrán arrebatado de la cueva a mi esposa?

LA VIEJA

Antes que los griegos fuesen a Troya, ¡oh extranjero! Pero aléjate de aquí, porque reina en el palacio cierta plaga, causa de no poco desorden.[335] A mal tiempo llegaste, porque si mi dueño te cautiva, en vez de hospitalarios dones, recibirás la muerte. Yo amo a los griegos, y no juzgues de mí por mis ásperas palabras, hijas del miedo que a mi señor tengo. (Retírase y cierra la puerta).

MENELAO

¿Qué diré? ¿Cómo expresaré mi sorpresa? Nuevas penas vienen a aumentar las antiguas si al traer conmigo de Troya a mi esposa y dejarla segura en la cueva, habita otra de su mismo nombre en este palacio. Dijo que era hija de Zeus. ¿Habrá en las orillas del Nilo algún mortal que se llame también Zeus? Porque en el cielo no hay más que uno. ¿Hay otra Esparta en donde las bellas ondas del Eurotas reflejan las verdes cañas de sus orillas? ¡Solo se celebró a un Tindáreo! ¿Habrá también alguna tierra que se llame Lacedemonia, y otra Troya? Yo no sé qué decir. Muchos, según es de presumir, tienen en una misma región iguales nombres, y lo propio sucede a las ciudades y a las mujeres, y no por eso debemos admirarnos.[336] Ni tampoco huiré del peligro que me indicó la esclava; no hay mortal alguno tan bárbaro que, al oír mi nombre, no aplaque mi hambre. Todos conocen el incendio de Troya, y el nombre de Menelao, su autor, no es ignorado tampoco en país alguno. Esperaré al dueño de este palacio, como me lo aconsejan dos prudentes razones: si es, en efecto, cruel, me ocultaré e iré en busca de los destrozados restos de mi nave; y si pareciese bondadoso, le pediré el auxilio que reclama mi desgracia. El único mal que me quedaba por sufrir es que, siendo rey, pida a otros reyes el sustento, pero no hay otro remedio. Sentencia es de los sabios, no mía, que nada hay tan poderoso como la necesidad. (Apártase a un lado al ver al Coro).

EL CORO