¡Ay de mí! ¿Vive acaso mi hija Hermíone?
HELENA
Sin esposo, sin hijos, ¡oh marido mío!, llora avergonzada mi fatal enlace.
MENELAO
¡Oh Paris, que no dejaste piedra sobre piedra de mi palacio! He aquí la causa de tu ruina y de la de muchos millares de griegos, armados de bronce.
HELENA
Un dios me separó de mi ciudad y de ti, sin apiadarse de mi pena, consagrándome al infierno, por abandonar mis lares y mi lecho en demanda de torpe himeneo, cuando verdaderamente nada de esto hice.
EL CORO
Si en adelante os es propicia la fortuna, podrá mitigar vuestros pasados males.
EL MENSAJERO