Cuando con resonante
Rayo y furor del brazo impetuoso.
A Encélado arrogante
Júpiter poderoso
Despeñó airado en Etna cavernoso.
[140] Siempre que se derramaba sangre humana creían los griegos que se manchaba el que la tocaba y el lugar en que se vertía, y, por consiguiente, era preciso purificarlo, ya haciendo un sacrificio, ya fumigaciones religiosas. En el primer caso, todos los asistentes rodeaban el altar, y un esclavo, llevando el cesto donde se guardaba el cuchillo del sacrificio, la ceniza y las coronas, daba una vuelta alrededor, de izquierda a derecha. El sacrificador entonces imponía silencio (en latín favete linguis) y, cogiendo un trozo de leña encendido, lo sumergía en el agua lustral, y rociaba con ella a los circunstantes. Este agua servía después a todos, y se llevaba con el cesto y la ceniza en torno del ara. Seguía a esto la oración, después la consagración de la víctima, poniéndole ceniza en la frente y arrojando al fuego parte de su lana o crin, y por último, el sacrificio.
[141] Mégara. Niso, hijo de Pandión, tenía entre sus cabellos uno color de púrpura, de cuya existencia dependía la conservación de su reino. Cuando Minos, rey de Creta, puso sitio a Mégara, Escila, hija de Niso, enamorada del sitiador, cortó el cabello purpúreo de su padre y lo dio a Minos, que se apoderó de la ciudad y desdeñó a la traidora doncella. Los dioses convirtieron a Niso en gavilán y a Escila en alondra.
[142] Las cuarenta y nueve hijas de Dánao, que degollaron a sus esposos la noche de bodas. (V. Las Fenicias).
[143] Procne, hija de Pandión, rey de Atenas, se casó con Tereo, rey de Tracia, y tuvo un hijo llamado Itis. Su esposo violó a Filomela, su cuñada, arrancándole después la lengua para que no lo supiese Procne. Esta precaución bárbara fue inútil, sin embargo, porque lo supo la agraviada esposa. Para vengarse mató a Itis, sirviéndoselo a su marido en un festín. Los dioses convirtieron a Procne en golondrina, a Filomela en ruiseñor y a Tereo en abubilla.
[144] Indudablemente debieron formar un cuadro trágico por excelencia los cadáveres de los hijos de Heracles no lejos de su padre, entregado al sueño y sujeto con cuerdas a una columna, el mísero Anfitrión y el coro de ancianos. No sabemos que en ninguna de las obras que tratan de la literatura dramática griega se haya llamado la atención hacia esta tendencia artística de los griegos, que hoy se denomina plástica, y que está tan en consonancia con sus ideas y costumbres.