[145] Este símil de la nave es muy frecuente en Eurípides, y podríamos indicar muchos pasajes de sus tragedias en que se repite casi en los mismos términos. Sabido es que los atenienses eran un pueblo muy dado a la navegación y al comercio y la primera potencia marítima de la Grecia, y que sus comparaciones habían de ser análogas a sus costumbres.

[146] Esta sobriedad que muestran los griegos en sus composiciones dramáticas es muy notable en más de un concepto, porque nos revela su depurado gusto en tales materias. Heracles despierta poco a poco, y al pronto no conoce a sus hijos, atento solo a las palabras de Anfitrión, que lo prepara antes de oír la horrible nueva. Otro poeta no lo hubiera hecho así: Heracles despertaría de repente, reconocería a sus hijos, y atado a la columna daría voces y horribles lamentos.

[147] Todos los héroes y heroínas de la antigüedad pagana, así los griegos como los romanos, apelan al suicidio cuando la desesperación los agobia, y especialmente cuando la vergüenza los mueve. Áyax en Sófocles, Fedra en Eurípides, y los ilustres suicidas romanos, prueban todos a una que lo que nosotros miramos como un crimen, casi era para ellos una virtud. Recuérdese que en los distintos poemas en que los héroes descienden a los infiernos, nunca se hace mención de la pena que sufren los suicidas. Esto debe atribuirse, en nuestro juicio, a sus ideas religiosas, porque el arrepentimiento no era entre ellos una de las más estimables virtudes, y a sus nociones confusas de los premios y castigos de la otra vida, y en parte también a su amor exclusivo a la patria, pues fuera de ella no esperaban gloria ni salud, y a cierto deseo del renombre que les daba su muerte.

[148] Teseo y Heracles eran primos segundos, porque Etra, madre del primero, fue hija de Piteo, y Alcmena, madre del segundo, de Lisídice, y Piteo y Lisídice, hijos de Pélope e Hipodamía.

[149] M. Artaud, en sus notas a esta tragedia, II, 430, dice así: Ce dialogue entre Amphytrion et Thésée est un chant lyrique: il est probable que les paroles de Thésée font allusion au mode lugubre sur lequel Amphytrion a entonné son chant. Parécenos, sin embargo, que se equivoca este ilustrado traductor de Eurípides, porque ni el metro nos autoriza a pensar que exista tal canto lírico, ni hay necesidad de semejante hipótesis para explicar las palabras de Teseo. Basta el tono con que se pronuncian las palabras, y el gesto y expresión, para indicar el afecto que domina a quien habla, ya de tristeza, de alegría o de otra pasión cualquiera.

[150] Otra vez nos vemos obligados a citar a M. Artaud, y no para alabarlo, como quisiéramos y como lo hemos hecho otras veces. El texto vulgar griego dice así:

Μαινομένῳ πιτύλῳ πλαγχθεὶς,

ἑκατογκεφάλου βαφαῖς ὕδρας.

(Furioso stimulo agitatus, venenis hydræ centipitis). Su traducción por el escritor citado es la siguiente: C’est dans l’égarement de sa fureur, causé par les poisons de l’hydre aux cent têtes. Esta versión, demasiado literal, no expresa el pensamiento del poeta, porque el sentido es absurdo. De la tragedia se desprende claramente que la locura de Heracles es obra de la vengativa y celosa Hera, nunca del veneno de la hidra de Lerna. Tampoco puede deducirse así de la tradición mitológica, porque a dicho veneno no se le atribuye más virtud que la de matar a aquellos a quienes hería la flecha empapada en él. Nosotros creemos que la respuesta de Anfitrión comprende dos partes, que es preciso entender de distinta manera: la primera, Μαινομένῳ πιτύλῳ πλαγχθεὶς, furioso stimulo agitatus, se refiere a Heracles, y la segunda, ἑκατογκεφάλου βαφαῖς ὕδρας, venenis hydræ centipitis, es la contestación a la pregunta de Teseo: δράσας.

[151] En estos campos de Flegra, cerca de Cumas, se dio la batalla entre los dioses y los gigantes. Llamáronse así porque abundaba en ellos el azufre, y porque se ven llamas, que provienen de la combustión natural de esta sustancia.