[272] Por haber soñado su madre Hécuba que daría a luz una antorcha que abrasaría a Europa y Asia.
[273] Sísifo, hijo de Eolo y nieto de Heleno, cuya concubina, Anticlea, fue la madre de Odiseo. Fundó a Éfira, después Corinto, e instituyó los juegos ístmicos. Cometió grandes crímenes, y murió al fin a manos de Teseo. Hades le concedió volver a la tierra un solo día para hacerse enterrar, y no quiso regresar al infierno, siendo entonces condenado a subir un peñasco a lo más alto de una roca escarpada, desde cuya cumbre caía de nuevo en el abismo.
[274] Perseo, héroe griego, hijo de Dánae y de Zeus, que se convirtió en lluvia de oro para poseerla. Cortó la cabeza de la gorgona Medusa, de cuya sangre brotó el caballo Pegaso, y al fin sucedió a su abuelo Acrisio en Argos, fundando a Micenas con murallas pelásgicas o ciclópeas.
[275] Las llama el poeta paternales porque el sacrificio es en favor de su padre, y por lo mismo se dice antes que Agamenón toque el ara con su diestra, para que le sea propicio.
[276] Táuride, puerto del Quersoneso Táurico (Crimea), en donde habitaban los tauros, pueblo escita o medio escita, que inmolaban a su gran diosa Opis, o Artemisa Ortia, víctimas humanas.
[277] Pisa, capital de la Élide, en donde reinaron Enómao y Pélope.
[278] Estrofio era rey de la Fócida y padre de Pílades, el amigo inseparable de Orestes, y esposo después de la misma Ifigenia. Electra, hermana de Orestes, lo envió a la corte de Estrofio para salvarlo de las asechanzas de su madre Clitemnestra y de su amante adúltero Egisto.
[279] Estos dos peñascos que se besan son las Simplégades o Cianeas, en el Bósforo, el uno en Asia y el otro en Europa.
[280] Dictina, invocación de Artemisa, cazadora, que tiende redes, de δίκτυον, red.
[281] El texto aparece aquí tan embrollado y confuso, y la significación de las palabras tan oscura e ininteligible, que no es extraña, sino, al contrario, muy natural la diversidad de versiones que se han hecho. La intención del poeta es sin duda recordar los crímenes espantosos de la estirpe de los Atridas, raza maldita, que inspiraron repugnancia y horror hasta a los dioses, y entre ellos al Sol, el más impasible, cuya aversión y enojo se manifestó de dos maneras, alejándose hacia el Sur y aumentando el frío en nuestro hemisferio boreal, cuando comenzaron los Tantálidas y Pelópidas sus fechorías, y ocultándose o eclipsándose cuando Tiestes robó a su hermano Atreo el cordero de vellón de oro, cuyo poseedor había de ser el rey de Argos, y Atreo, en venganza, dio a comer a Tiestes su mismo hijo.