No te opongas a mis deseos y a los de Hera.
LA LOCURA
La senda que yo trazo es la mejor.
IRIS
La esposa de Zeus no te ordenó que vinieses aquí para mostrarte afable.
LA LOCURA
Sea testigo el Sol de que la obedezco contra mi voluntad. Si es necesario que yo cumpla vuestros mandatos sin vacilar, como el perro del cazador, iré allá; ni la mar con sus olas que braman, ni el horrible terremoto, ni el incontrastable rayo, fuente de dolores, me igualarán cuando me enseñoree del pecho de Heracles, y pulverice los techos, y derribe su palacio, matando antes a sus hijos; y él no sabrá que los sacrifica, habiéndolos engendrado, hasta que no se vea libre de mi rabia.
Ved cómo el toro, pronto a embestir, sacude ya su cabeza y revuelve en silencio sus ojos extraviados, de mirar siniestro, y respira con trabajo, y muge terriblemente, invocando a las Furias del Tártaro. Luego te atormentaré más y te llenaré de terror. Vete al Olimpo, Iris; levanta tus pies generosos, que voy a penetrar invisible en la regia morada de Heracles. (Retíranse Iris y la Locura).
EL CORO
¡Gime, ay de mí, ay de mí, ¡oh ciudad!, que cortan tu flor, el hijo de Zeus! ¡Grecia infeliz, que pierdes tu bienhechor, víctima de los furores de la Locura, que no desaparece al son de las flautas! Causa de muchos gemidos, alejose en su carro y aguijó sus caballos para hacer el mal, que es la Gorgona,[137] hija de la Noche, cuyas sierpes silban a un tiempo con sus cien cabezas, la Locura de ojos ardientes. Pronto destruye un dios su felicidad, pronto expirarán los hijos a manos de su padre. ¡Ay de mí, desventurado! ¡Oh Zeus! En breve las crueles Furias, rabiosos ministros de venganza, azotarán a tu linaje, que se extinguirá. ¡Oh palacio! ¡Danza sin tímpanos,[138] sin el grato tirso de Dioniso! ¡Oh palacio!, que inundará de sangre, no del jugo de báquicos racimos. Huid, ¡oh hijos!; ya suena, ya suena el canto de guerra, y comienza a perseguir a sus hijos; la Locura no se desencadenará en vano en el palacio. ¡Ay de mí, ay de mis desdichas; ay, ay de mí, que lloro a su padre anciano, y a la madre de estos niños, en mal hora nacidos! Mirad, mirad; la tempestad conmueve el edificio, el techo se desploma. ¡Ay de mí! ¿Qué haces, hijo de Zeus? Desorden infernal promueves en tu morada, como Palas en otro tiempo luchando con Encélado.[139]