EL CORO
Estrofa 1.ª — Danzas, danzas y festines se celebran en la ciudad sagrada de Tebas; trocáronse las lágrimas, trocose la fortuna, y se oirán, se oirán nuestros cantos. Pereció este nuevo rey, y el antiguo impera, recién venido de las orillas del Aqueronte. Inopinadamente se realizó nuestra esperanza.
Antístrofa 1.ª — Los dioses, los dioses no se olvidan cuando es conveniente premiar a los piadosos o castigar a los impíos. El oro y la fortuna borran la modestia del corazón humano, y consigo traen la arbitrariedad y la injusticia. El que huella las leyes no arrostra las vicisitudes de la suerte, y el inicuo rompe por sí mismo el negro[132] carro de la felicidad.
Estrofa 2.ª — ¡Oh Ismeno!, corónate de guirnaldas;[133] danzad vosotras, moradas brillantes de esta ciudad de siete puertas, y tú, Dirce de bellas ondas, y vosotras, vírgenes ninfas del Asopo, andad, dejad las aguas de vuestro padre y cantad en coro la gloriosa lucha y la preclara victoria de Heracles. ¡Oh rocas de Apolo, cubiertas de selvas, y Helicón, albergue de las musas!; alabad con alegre algazara mi ciudad, alabad mis murallas, en donde apareció un linaje de hombres sembrados que, embrazando sus escudos de bronce, formaron armado escuadrón y dejaron en herencia esta tierra a los hijos de sus hijos, luz sagrada de Tebas.
Antístrofa 2.ª — ¡Oh lecho, que en dulce consorcio fuiste visitado por un mortal y por Zeus, fogoso amante de la ninfa, hija de Perseo!; si no lo dudé en otro tiempo, ahora lo creo más firmemente, porque no lo esperaba; probado está el incomparable valor de Heracles, que volvió del centro de la tierra, después de haber visto el palacio infernal de Hades. Prefiero tu imperio al de reyes degenerados, como el que ha sucumbido en esta lucha, señal de que la justicia agrada todavía a los dioses. (Aparécese la Locura en negro carro encima del palacio, e Iris a su lado). ¡Hola!, ¡hola! ¿Volvemos, ¡oh ancianos!, a sentir el aguijón del temor? ¿Qué fantasma es ese que veo sobre el palacio? Huye, huye, aligera tu tardo paso, aléjate de aquí. ¡Oh rey Apolo, líbrame de estos males!
IRIS
No os alarméis, ancianos, de ver a la Locura, hija de la Noche, y a mí, Iris,[134] mensajera de los dioses; no venimos a hacer daño a esta ciudad, sino a la familia de un solo hombre, llamado hijo de Zeus y de Alcmena. Porque antes de terminar sus duros trabajos, guardábalo el destino, y no permitía Zeus que ni Hera ni yo le infiriésemos la más leve ofensa; pero ya que ha obedecido las órdenes de Euristeo, Hera y yo queremos castigarlo,[135] obligándolo a matar a sus hijos y a derramar la sangre de sus más allegados parientes. Anda, pues, hija virgen de la negra Noche, de corazón inexorable; inspírale la locura, trastorna su juicio hasta que extermine a sus hijos y se muevan sus pies en danzas insensatas; agítalo, envuélvelo en tus redes letales, para que sus hijos, muertos a sus manos siendo su más bella corona, atraviesen el estrecho Aqueronte, y sepa lo que es la ira que a Hera y a mí animan; nada valdrán los dioses, y mucho los mortales, si no sufre ese castigo.
LA LOCURA
Nací de padre y madre nobles, de la sangre del Cielo y de la Noche, y ni me es dado aborrecer a mis amigos, ni ofender a los que lo son de los hombres. Pero quiero hacer una advertencia a ti y a Hera antes que te vayas, por si la tenéis en cuenta. Ni en la tierra ni en el Olimpo es desconocido este héroe a cuyo palacio me enviáis, pues pacificó regiones inaccesibles y el alborotado mar, y solo él reconstruyó los altares de los dioses que abandonaron los impíos, y por todo esto te aconsejo que no le suscites graves males.[136]
IRIS