PRIMER SEMICORO

Ya escucho desde aquí canto grato a mis oídos; cercana está la muerte. Los clamores y los gemidos del rey son el prólogo que precede a su ruina.

LICO

¡Oh tierra entera de Cadmo! ¡Pérfidamente muero!

SEGUNDO SEMICORO

¡Así mataste a otros! Sufre, pues, ahora la pena que mereces, que tal debe ser el castigo de tus delitos.

PRIMER SEMICORO

¿Qué mortal, acusando injustamente a los dioses, profiere necias injurias contra los celestiales bienaventurados, diciendo que nada pueden?

SEGUNDO SEMICORO

Ancianos, ya no existe el impío. El silencio reina en el palacio; volvamos a nuestros coros; felices son aquellos a quienes amo. (Vuelven los semicoros a su puesto, y se reúnen de nuevo).