Y no se atribuya esta eleccion al encanto que siempre ofrece la novedad; porque en el presente año hemos vuelto á ver las citadas diversiones tan favorecidas como en el anterior, y no obstante ya no eran nuevas. La causa verdadera de la variacion estriba, pues, indudablemente en la transformacion de los gustos; en la alteracion que han sufrido las costumbres; y así es de creerse, con mas razon, cuando se reflexiona sobre las profundas variaciones que han tenido todos nuestros hábitos y hasta los mas pequeños detalles de la vida en esta antilla. Y no es extraño que tal acontezca porque lo propio pasa con la humanidad entera; y esa es la obra lenta pero indefectible del tiempo que, como he dicho antes, todo lo cambia y lo trastorna todo, sin que frecuentemente nos apercibamos de ello, ni aun sepamos darnos cuenta de lo que sucede á nuestra vista.

Ha terminado la ligera reseña que me propuse hacer de la historia de las fiestas del Patron: antes de pasar á la descripcion de las que se han efectuado en presente año preciso será que, aunque en breves palabras, dé una idea de la situacion del país en los momentos en que aquellas se aproximaban, para que pueda formarse juicio del motivo que, en mi humilde sentir, ha forzado al Ayuntamiento á verificarlas con la esplendidez con que las hemos visto efectuarse.


V.
Situacion del país.

Que este mundo es un valle de lágrimas es cosa que por sabida debe callarse, sobre todo entre los que profesamos la religion, única verdadera de Jesu-Cristo; y que los dias de la vida son pocos y están llenos de miserias, hace algunos centenares de siglos que lo dejó consignado el paciente Job. Desde el instante en que por vez primera sentimos el aire que alimenta nuestra existencia, hasta los últimos suspiros que arroja el moribundo, es una série no interrumpida de impresiones desagradables, que concluirian por matarnos sino fuera porque llevamos dentro del alma el olvido, bálsamo eficaz que cura las dolencias del corazon. Por eso el hombre rie y canta y se regocija, no obstante los pesares que casi sin cesar le abruman. Pero hay impresiones y hay pesares de tal magnitud que, arrojando el espanto y la desolacion, lo mismo en los hombres que en los pueblos, dejan tras sí una huella que tarda mucho en desaparecer: hay momentos y dias y épocas enteras, tan aciagas en la vida de los hombres y de los pueblos, que no es dable borrar su memoria, por mas que pasen las sensaciones desagradables que produjeron mientras su duracion. Puerto-Rico acaba de pasar por una de esas épocas fatales y no es extraño por tanto encontrar todavia en estos momentos muchos ánimos contristados que no saben ni aun darse razon de su profunda tristeza.

La série de males que ha venido afligiendo á esta poblacion y á toda la Isla desde hace algunos meses no puede menos que dejar un recuerdo imperecedero en todos los que lo han sufrido y que se trasmitirá, sin duda alguna, á las generaciones venideras. Aun no habiamos llegado al último tercio del año último, y ya hacia por lo menos año y medio que una crísis tan profunda como prolongada habia producido la mas completa perturbacion en la vida económica de este pueblo y de la antilla entera. El dinero, agente sostenedor de todas las transacciones, habia huido precipitadamente de todas partes; y con él desapareció la animacion, el movimiento de los mercados que constituye la vida de las poblaciones; todo el mundo se encontraba mal; y así como antiguamente los físicos decian que la naturaleza tenia horror al vacio, todo el mundo no decia sino que tenia horror por el vacio de los bolsillos.

No entra en el objeto de este libro indagar las causas que dieron orígen á esta situacion; y por lo tanto solo diré de ella que el pueblo, con el buen sentido práctico que muestra tan amenudo, la llamaba la época de la yuca, aludiendo á lo áspera y amarga que es esta raiz. Y fué tan larga la época de la yuca, que de seguro todo el mundo se indigestó para largo tiempo. Es lo cierto que la situacion era muy tirante; y que ni el proletario encontraba como ganar el pan, ni el empleado podia recibir á tiempo su sueldo, ni el casero su mesada, ni el comerciante salia de su mercancía, ni se cumplian los compromisos contraidos, ni nadie sabia como habia de seguir viviendo. Solo la usura levantaba floreciente su cabeza en medio de este campo de ruinas; concluyendo de devastar, á manera de terrible parásito cuanto quedaba en pié y cogia entre sus mortíferas ramas.

Así corria el mes de Octubre último y todos esperaban la llegada de las próximas cosechas para salir algun tanto del malestar que generalmente se esperimentaba; pero la Providencia, en sus altos é inescrutables juicios, tenia decretada otra cosa. El pueblo de Puerto-Rico habia de sufrir mayores pruebas; y la crísis económica no era mas que un preludio de lo que venia tras ella. El dia 29 de Octubre terminó en medio del soplo devastador del huracan: en menos de dos horas, desencadenados los elementos, arrasaron cuanto en su camino se interpuso; desde los débiles arbustos, que en sus espigas contenian el alimento de centenares de familias, hasta los árboles seculares, que proporcionan la materia prima de las habitaciones ó el combustible que arde diariamente en las casas, fueron arrancados violentamente y arrastrados por los rios que desencadenados corrian hácia el mar llevando en su impetuosa corriente cuanto encontraban á su paso.