(Trueba.)
He aquí que ha dado principio el alegre mes de Junio, con sus plácidas noches, sus frescas brisas, sus gratos recuerdos y sus halagadoras fiestas. El pueblo de Puerto-Rico vuelve á verlo en medio del regocijo y del bullicio que en otros tiempos animaban á la Ciudad y en el alborozo general, que por todas partes cunde, con la rapidez del relámpago, se conoce que estamos en el alegre mes de San Juan. ¡Bendito mes que, de generacion en generacion, ha sabido ir conservando, siempre frescos y palpitantes, los recuerdos de nuestros antepasados; por mas que las eventualidades y los fracasos propios de la vida humana hayan perturbado mas de una vez las costumbres que de muy antiguo conocemos!
El mes de Junio trae consigo, entre las olas embalsamadas de sus puras brisas, el misterioso encanto de la tradicion; ese no sé qué que hace vibrar mas ó menos fuertemente en todos los corazones el sentimiento de la alegría, de esa alegría melancólica que constituye uno de los mas gratos y dulces placeres del alma, bien que se halle uno en la soledad de los campos, ó en el retiro de su habitacion, ó en medio mismo de las espansiones de una fiesta. Por eso, aun cuando no todos los habitantes de esta Ciudad desean siempre el mes de San Juan, todos en general lo ven llegar con ese gozo interior que engendra muy pronto el regocijo público; y es porque las costumbres tienen en sí un atractivo irresistible que subyuga todos los corazones, que los predispone para el placer y que despierta en ellos una tierna simpatía por todo aquello que nos legaron nuestros antepasados.
¿Quién no recuerda los hermosos dias de la niñez en los que el mes de Junio conserva un lugar tan predilecto? ¿Quién no hace memoria de aquellas inocentes alegrías que todos hemos gustado á la luz de los hachones que alumbraban y aun alumbran las alboradas ó al resplandor de las hogueras que iluminaban las calles en las noches de las carreras? ¿Quién, de los que alcanzó San Juan en todo su esplendor, no guarda con gusto en el fondo de su alma el puro placer de haber acompañado una elegante camarracha, á la que el amor aumentaba los encantos de los años juveniles? Verdad es que en aquellos tiempos de franca amistad, en que este pueblo componia por decirlo así una sola familia, esas fiestas tenian casi el atractivo del hogar doméstico y la expansion por consecuencia era mas verdadera y mas general; pero aunque las condiciones sociales de la poblacion hayan cambiado mucho, sus costumbres se han sostenido á traves de los años y todavia las vemos subsistir, si bien con las transformaciones propias de los cambios que ha sufrido esta sociedad.
Prueba de ello la alegría y el júbilo que en todos rebozan desde que ha comenzado el grato mes de las fiestas. La inauguracion de estas no ha podido ser mas animada: á medida que se aproximaban las doce del dia 1º de Junio iban apareciendo en todos los balcones asta-banderas y cordeles, indicio cierto de que todos los vecinos se preparaban á tomar parte en el regocijo público; y las calles principales y especialmente las que afluyen á la plaza en que se halla la Casa Consistorial se llenaban de gente que con semblante placentero esperaba solo el momento de dar expansion á la alegría que experimentaba; dejando escapar de vez en cuando alegres risas ó formando corros en que reinaba bulliciosa algazara comprimida todavia por no ser la ocasion; los petardos y detonaciones que, como á hurtadillas, se dejaban oir, completaban aquel conjunto de emociones que bullian por todas partes sin atreverse á brotar libremente, á la manera que bulle entre la máquina, buscando expansion, el vapor que un instante despues la pone en movimiento.
A medio dia en punto la banda de música militar que acompañaba el piquete para la publicacion del bando tocó la marcha real en señal de que se enarbolaba en el Ayuntamiento el pabellon nacional, y en seguida que subieron por los aires los cohetes que lo anunciaban, la ciudad entera se vió rápidamente empavesada con centenares de banderas que, batidas por la brisa, animaban las calles con sus variados y brillantes colores, en los que descollaban con predileccion los hermosos colores nacionales. Leido el bando frente á los portales de la Casa de la ciudad se puso en marcha el cortejo, al que seguian millares de personas de todas clases y condiciones; aumentando progresivamente el ruido de las detonaciones que se sucedian sin interrupcion, los alegres ecos de la música que cual rápidos mensageros cruzaban los aires en todas direcciones para avisar al vecindario el principio de la fiesta y la bulliciosa y festiva algazara del gentío que llenaba las calles. Aun no habia recorrido mas que dos ó tres de estas el bando, cuando ya se dejaron oir los armoniosos sonidos de dos orquestas mas, una en el café de "La Zaragozana" y otra en la puerta del bonito establecimiento de "Los Precios fijos"; quemándose en uno y otro punto multitud de cohetes y petardos, á cuyo ruido concurria la gente ocupando bien pronto las avenidas de las calles que confluyen en aquellos sitios.
La ciudad entera presentaba un aspecto encantador con sus mil banderas desplegadas por el viento y el eco de alegría que por todas partes resonaba á la par de los continuados disparos que sin cesar se oian. Hombres y mugeres y niños, toda la poblacion en fin, entusiasmada con el júbilo general acudia á las calles ó á los balcones de las casas para tomar parte de algun modo en la fiesta pública.
La novedad del adorno que apareció frente al establecimiento antes citado de "Los Precios Fijos," atrajo por el momento mayor concurrencia hácia aquel punto; y en efecto presentaba un bonito golpe de vista la confluencia de las calles de San Justo y la Fortaleza; en el mismo centro y á conveniente altura pende una caprichosa mongolfiera de vivos y bien combinados colores y de forma octogona, teniendo en cada una de sus caras ó facetas un viva al Patron, á Nuestra Reina, al Príncipe, á la PATRIA, á la PROVINCIA y á su digno Gobernador; y los escudos nacional y de Puerto-Rico: en la parte inferior cuelga un bonito canastillo sostenido por elegantes lazos de cintas y exhornado con pequeñas banderolas; y al rededor, en forma de aspa y en direccion á las cuatro esquinas de las calles flamean vistosos pabellones nacionales y banderas provinciales de Cataluña y Puerto-Rico.
Apenas habia terminado la zambra en este lugar y empezaba á dispersarse la concurrencia, cuando los ecos de una nueva orquesta que avanzaba por la calle de San Justo, en direccion de sur á norte, volvieron á hacerla apiñar y seguir el nuevo foco de alegría que se presentaba; detúvose la música en el trozo de la citada calle que corre desde la de San Francisco á la Luna y despues de entusiastas vivas y nuevas detonaciones y cohetes, en medio de los alegres gritos de la multitud, apareció un hermoso globo que bien pronto se lanzó al espacio seguido de las miradas de la muchedumbre, que, en su curiosidad, desafiaban los vívidos resplandores solares.
La fuerza del sol, sin embargo, mas sensible aun cuando reverbera en el enlozado de nuestras calles, apaciguó algun tanto la animacion que habia reinado durante tres horas consecutivas; y la gente se retiró á sus casas hasta que llegada la tarde y refrescada la atmósfera por la brisa que no cesó de soplar en todo el dia, volvió á notarse concurrencia, sobre todo en los puntos principales de la poblacion.