A nadie mejor que á V. E., que ha sabido conservar las fiestas populares de la muy noble y muy leal Ciudad que representa, puede ser dedicado este librito. Sírvase V. E. aceptarlo como una débil muestra de la gratitud de aquel á quien ha hecho la honra de elegir para su Secretario.

Federico Asenjo.


INTRODUCCION.

Cosa sabida es por todo el mundo que los pueblos, como los individuos, tienen su infancia, su juventud, su edad viril y su vejez; y que en cada una de estas épocas, lo mismo que el hombre, cambian de faz, aunque conservando siempre ciertos caracteres que constituyen la fisonomía especial de cada uno, y tambien el carácter moral que les es propio.

El hombre tranquilo y circunspecto, que ocupa un lugar distinguido en sociedad por su juicioso proceder, no deja de ser el mismo niño jugueton y travieso que en otro tiempo era el disgusto de sus padres; pero la edad le ha hecho variar de condiciones y sus usos y costumbres han cambiado, si bien conservan siempre cierto sello particular que distingue su individualidad. Es el mismo hombre que fué desde que nació, pero no tiene ya ni la vivacidad de la niñez, ni la impetuosidad de la juventud: sus impulsos violentos se han calmado, sus mismas pasiones se han apaciguado algun tanto. Su genio, por mas que un adagio vulgar diga que

genio y figura

hasta la sepultura,