La concurrencia que atrajo este acto á las afueras de Puerta de tierra, á la plaza de Santiago y calle de San Francisco y á la plaza principal era numerosísima; y sin duda alguna dió la medida de las simpatías que disfruta el Gefe Superior de la Isla entre los habitantes de la ciudad el como se apiñaba la gente para verle pasar así como los repetidos vivas y aclamaciones que por todas partes se oian. Fué una verdadera fiesta popular tan alegre y animada como bien aceptada por el público; y digna por todos conceptos de la Autoridad á quien se dirigia y de la Corporacion que la ofrecia.
VIII.
Las alboradas.
Ya saben los lectores cual fué el orígen de las alboradas y como han venido á parar en celebrarse en las primas noches en vez de serlo en los primeros albores del dia. Esta fiesta ha venido á quedar reducida con el tiempo á no tener otra significacion que la de una manifestacion pública, dada por los que la efectúan, de su deseo de tomar parte en el regocijo general.
Por esta razon, sin duda, cuando se trata de las fiestas de San Juan, es de rigor que todos los que realizan alguna diversion, ó toman parte en el conjunto de las que constituyen los festejos, saquen una alborada; y casi siempre tambien ha acontecido que las sacan igualmente los que impulsados por la alegría quieren hacer partícipes de ella á sus convecinos, aun cuando para ello no haya precedido programa alguno.
En el presente año, como en todos los demás, no era posible prescindir de esta diversion peculiar de las fiestas de San Juan; y han celebrado sus alboradas no solo los gremios que constaban en el apéndice al programa del Ayuntamiento, sino que tambien las ha habido sin anuncio de ningun género y con mas ó menos pompa, segun los que las sacaban.
En los dias 3, 6, 7, 8, 10, 11 y 12 celebraron las suyas respectivamente los gremios de Acarreadores, Albañiles, Detallistas de provisiones, Zapateros, Músicos, Carpinteros y Barberos; y demás está que diga que con mas ó menos animacion, con mas ó menos ruido, en todas ellas hubo reunion de gentes, profusion de disparos, franca y sencilla algazara y todo lo que constituye esa clase de fiesta popular, que no por ser vista con indiferencia por las personas que pueden disfrutar de otra clase de diversiones, deja de ser bien aceptada por el público en general; y hace bien en aceptarla porque es una diversion sencilla que en nada ofende á la cultura del pueblo. Esa orquesta que recorre las calles, acompañada de una multitud mas ó menos numerosa, que marcha á la luz de los achones y en medio de los gritos de la mas cordial y alegre espansion, interrumpida solo por el ruido de los cohetes ó por el silencio que reina mientras se remonta á los aires un globo, es á no dudarlo un espectáculo que participa mucho de la sencillez de los tiempos antiguos, pero que en nada se opone á las exigencias de la mas avanzada civilizacion, ni tiene nada que sea contrario á la moral, ni que pueda rechazarse por motivo alguno; siquiera no se la considere mas que como un medio de llevar á todos los ángulos de la poblacion la animacion y la alegría, que brota siempre con mas expontaneidad entre la gente de buen humor que se halla dispuesta á divertirse á todas horas.
Tal ha sido el carácter general de las alboradas que he anotado; y ninguna de ellas, á excepcion de la de los Detallistas de provisiones, de que mas adelante me ocuparé, ha ofrecido novedad alguna que merezca mencionarse; como no sea la de un bonito himno cantado en la de los Barberos; y cuya letra, lo mismo que las composiciones poéticas distribuidas en los demás, se hallarán en el apéndice. Pero aunque ninguna novedad hayan ofrecido estas fiestas para los que saben lo que siempre han sido, proporcionaron algunas noches de pública animacion, en que se vieron mas ó menos concurridas las calles y mas ó menos alegría en las gentes que por ellas paseaban, segun la importancia de cada una de aquellas diversiones.