Ciceron escribió un libro sobre las costumbres en que dejó pintado el pueblo romano; y Voltaire nos ha dejado un "Ensayo sobre las costumbres" en que trata de reseñar las diferencias que separan entre sí á todos los pueblos de la tierra y los puntos de contacto en que se unen.
Yo voy pues á reseñar algunos usos y costumbres de este hermoso país, que tan desconocido es hasta para muchos de los mismos que lo habitan; y no solo reseñaré algunos de los mas culminantes, sino que lo haré comparándolos en diversas épocas de la vida de este pueblo, para que pueda formarse juicio de sus progresos ó retrogadaciones; y se conciba la marcha que ha traido de algunas décadas á esta parte.
Este trabajo, pues, que no me atrevo á llamar libro, no será simplemente una crónica, por mas que no tenga pretensiones de ser historia; será sí la tradicion escrita, tal cual la hemos oido de nuestros padres, segun se la refirieron nuestros abuelos; y segun consta de algunos documentos incoherentes que la casualidad ha puesto en mis manos cuando la necesidad ó la ociosidad me han obligado á revolver algunos archivos.
Empero, para que la tradicion, que he tratado de tomar desde su orígen, pueda ser continuada sin interrupcion, no solo me concretaré á la parte histórica de las Fiestas de San Juan, sino que trataré de describir, lo mejor que me sea posible, las que se celebren en este año.
El San Juan, como vulgarmente hemos dicho siempre, ha sido en todos tiempos, una fiesta tan popular en esta ciudad, tan peculiar de esta poblacion, y ha ofrecido una fisonomía tan especial, que examinándola con algun detenimiento podriamos concluir por conocer esta localidad.
Así como los juegos olímpicos de la antigua Grecia demostraban la necesidad que aquel pueblo esperimentaba de tener hombres fuertes y ágiles para la guerra; las carreras de San Juan ponen de manifiesto la necesidad que este pueblo ha esperimentado siempre de poseer buenos caballos que no se arredren ante los frecuentes obstáculos de su erizado suelo.
Así como los Israelitas y los Romanos y los Normandos y los Francos celebraban con júbilo y alegría la conmemoracion de hechos de grande importancia en su vida, así tambien los Puerto-riqueños ven con júbilo las alboradas que les recuerdan hechos no menos gratos que eran el consuelo de esta poblacion en épocas tristes y azarosas; como tendrán ocasion de verlo los lectores mas adelante.
Y aun la suprimida vela tuvo tambien su razon de ser, y hubiera podido quedar justificada, á no habérsela hecho degenerar en demostraciones poco dignas de un pueblo que con razon se precia de culto y de avanzado.
Por lo visto, el lector comprenderá que me prometo hacerle conocer las fiestas de San Juan, tales como han sido en otros tiempos y cuales son en los presentes. Fáltame solo que mis fuerzas correspondan á mis prometimientos; que no por ser el asunto alegre y al parecer ligero, deja siempre de ser difícil en extremo el llenar cumplidamente el papel de cronista verdadero y no cansado.
Espero que mas que mi poca disposicion, contribuirá á ello en mucha parte el entusiasmo que por todas partes se nota y que comunicará á mi tosca pluma la vida y la animacion de que de otro modo careciera.