—Zurich.
La joven contestaba con voz breve y tono seco casi sin oír las preguntas.
—¿Cómo se encuentra usted en esta casa?
—Vine a hablar con Alejo Zakunine.
—¿A hablarle de qué?
—De cosas que no interesan a la justicia.
—¡O que la interesan mucho!
La joven no contestó.
—¿Es usted su correligionaria?
—Sí.