—¿Vino usted a hablarle de asuntos políticos?

Nuevo silencio.

El juez aguardó un momento la respuesta, y en seguida continuó lentamente:

—Advierto a usted que las reticencias podrían perjudicarla.

La nihilista manifestó su indiferencia encogiéndose de hombros desdeñosamente.

—¿A quién acusa usted? ¿A mí, o a Alejo Petrovich, o a ambos?

—¡Me parece que usted quiere invertir los papeles! A usted le toca contestar. ¿No es usted otra cosa que correligionaria del Príncipe?

—No comprendo.

—¿Es usted también su querida?

La joven miró a su interpelante con ojos inflamados, casi con expresión de ira, pero no dijo una palabra.