—¿Todavía le amaba a usted?
Por toda respuesta el Príncipe movió la cabeza lentamente, con desesperación.
—¿Le dio a usted motivos de celos?
A esta nueva pregunta contestó con un gesto dudoso.
—¿Sabía usted, sí o no, que alimentaba un nuevo afecto?
—Lo suponía.
—¿La reprochó usted alguna vez su amistad por Vérod?
Al oír el Príncipe este nombre, frunció el entrecejo y se estremeció otra vez.
—No—contestó con voz sorda.
—¿Qué puede impulsar a Vérod a acusarle a usted?