—Veintinueve.
—¿Ahora o entonces?
—Ahora.
—¿Nunca pensaron, ni siquiera en los primeros tiempos, en unirse legalmente en matrimonio?
—Yo desconozco esa ley.
—¿Ella no sufría con una situación que para sus sentimientos cristianos debía ser inmoral y punible?
—Había contraído el compromiso ante su Dios.
—Viviendo con ella, durmiendo bajo el mismo techo, conociéndola íntimamente, es imposible que no haya visto usted prepararse la catástrofe.
—Yo no vivía ya con ella. Venía a verla de vez en cuando.
—Entonces, ¿dónde tiene usted su domicilio?