—Sí.
—¿Tenía la difunta motivos de estar celosa de esa joven?
—Ninguno.
—¿No está usted vinculado con ella por otra cosa que un ideal común? No mienta usted: así sabremos la verdad.
—Afirmo que nada más nos liga.
Su acento parecía sincero.
—¿No podía ser que, sin que usted lo supiera, la joven le amara y eso haya hecho que esté secretamente celosa de la Condesa?
El interrogado tardó un instante en contestar.
—No—dijo por último.
—¿Dónde estaba usted cuando oyó el disparo?