—En mi cuarto.

—¿En su cuarto de dormir?

—En el escritorio.

—¿A qué hora precisa ocurrió el suicidio?

—A las once y tres cuartos.

—¿Qué hizo usted al oír el tiro?

—Acudí.

—¿Su compañera acudió después?—preguntó el juez, tratando de dar a su voz un tono de cansancio y casi de fastidio para ocultar la importancia de la pregunta.

—Acudió conmigo.

Ambos, en el primer momento, habían contestado en singular, cuando lo natural era que hubieran dicho: «Acudimos.» Ferpierre concedía cierta importancia a este hecho, del que le parecía poder deducir que no habían estado los dos juntos, como lo aseveraban. Pero ¿cuál de los dos se encontraba con la Condesa? ¿Quién mentía? ¿Sobre quién recaían las sospechas?