—¿Usted recuerda cuándo compró el arma la difunta?
—La ganó en una rifa, hace tiempo.
—¿Y las cápsulas?
—Las compró después, queriendo ejercitarse en el tiro.
—Entonces, resumiendo: ¿la Condesa se ha dado la muerte por causa de los dolores que usted le ha ocasionado; porque, desposada con usted sin ceremonia ritual, no podía soportar su abandono? Pero, ¿y si amaba a otro?... Usted ha confesado que sospechaba su nuevo amor... ¿Por qué había de matarse si amaba a otro? ¿De quién podían venir los obstáculos e impedimentos para su nueva felicidad?
—De ella misma.
—¿Qué quiere usted decir?
—Sus sentimientos sobre el deber, el respeto, la honradez eran elevadísimos.
—Si usted sospechaba que quería matarse, ¿cómo no le quitó esa arma?
—No lo sospeché.