¡Ah, ya encontré mi diversión!
—¡Cochero!
—Señor.
—Al campo, al aire, al sol...
—Se está poniendo.
—No importa. Llévame adonde quieras, aunque no haya nadie, con tal que haya callos y vino. De prisa. Revienta el jaco, porque me da igual llegar en diez minutos o a media noche. Lo importante es ir de prisa.
—Camarero, una ración de callos y otra de alegría.
—¿Eh?
—Sí, hombre, sí. ¡Una botella!... ¡Parece mentira que no sepáis lo que estáis vendiendo!