FÁBULA X

El Gorrión y la Liebre.

Un maldito[110] Gorrión así decía
Á una Liebre, que un Águila oprimía:
—¿No eres tú tan ligera,
Que si el perro te sigue en la carrera,
Le acarician y alaban como al cabo
Acerque sus narices á tu rabo?
Pues empieza á correr ¿qué te detiene?—
De este modo la insulta, cuando viene
El diestro Gavilán y le arrebata.
El preso chilla, el prendedor le mata;
Y la Liebre exclamó: Bien merecido:
¿Quién te mandó insultar al afligido?
¿Y á más, á más meterte á consejero[111],
No sabiendo mirar por ti primero?

FÁBULA XI

Júpiter y la Tortuga.

Á las bodas de Júpiter estaban
Todos los animales convidados:
Unos y otros llegaban
Á la fiesta nupcial apresurados[112].
No faltaba á tan grande concurrencia
Ni aun la reptil y más lejana oruga,
Cuando llega muy tarde y con paciencia[113]
Á paso perezoso la Tortuga.
Su tardanza reprende el dios airado;
Y ella le respondió sencillamente:
—Si es mi casita mi retiro amado,
¿Cómo podré dejarla prontamente?
Por tal disculpa Júpiter Tonante,
Olvidando el indulto de las fiestas,
La ley del caracol le echó al instante,
Que es andar con la casa siempre á cuestas.
Gentes machuchas hay que hacen alarde[114]
De que aman su retiro con exceso;
Pero á su obligación acuden tarde:
Viven como el ratón dentro del queso.

FÁBULA XII