El Hombre y la Culebra.
Á una Culebra, que de frío yerta[105]
En el suelo yacía medio muerta,
Un Labrador cogió; mas fué tan bueno,
Que incautamente la abrigó en su seno.
Apenas revivió, cuando la ingrata
Á su gran bienhechor traidora mata.
FÁBULA VIII
El Pájaro herido de una flecha.
Un Pájaro inocente
Herido de una flecha,
Guarnecida de acero
Y de plumas ligeras,
Decía en su lenguaje
Con amargas querellas
«¡Oh crueles humanos,
Más crueles que fieras
Con nuestras propias alas,
Que la naturaleza
Nos dió, sin otras armas
Para propia defensa,
Forjáis el instrumento
De la desdicha nuestra,
Haciendo que inocentes
Prestemos la materia.
Pero no, no es extraño
Que así bárbaros sean
Aquellos que, en su ruina,
Trabajan, y no cesan.
Los unos y otros fraguan[106]
Armas para la guerra;
Y es dar contra sus vidas
Plumas para las flechas.»
FÁBULA IX
El Pescador[107] y el Pez.
Recoge un Pescador su red tendida,
Y saca un pececillo.—Por tu vida,
Exclamó el inocente prisionero,
Dame la libertad: sólo la quiero,
Mira que no te engaño,
Porque ahora soy ruin[108]; dentro de un año
Sin duda lograrás el gran consuelo
De pescarme más grande que mi abuelo.
¡Qué! ¿te burlas? ¿te ríes de mi llanto?
Sólo por otro tanto
Á un hermanito mío
Un señor Pescador lo tiró al río.—
¡Por otro tanto al río? ¡qué manía!
Replicó el Pescador; ¿pues no sabía
Que el refrán castellano
Dice: Más vale pájaro en la mano...[109]?
Á sartén te condeno, que mi panza
No se llena jamás con la esperanza.