Apacentando un joven su ganado,
Gritó desde la cima de un collado[95]:
¡Favor, que viene el lobo, labradores!
Éstos, abandonando sus labores,
Acuden prontamente,
Y hallan que es una chanza[96] solamente.
Vuelve á clamar, y temen la desgracia:
Segunda vez los burla: ¡linda gracia!
¿Pero qué sucedió la vez tercera?
Que vino en realidad la hambrienta fiera:
Entonces el Zagal se desgañita;
Y por más que patea, llora y grita,
No se mueve la gente escarmentada,
Y el lobo le devora la manada.
¡Cuántas veces resulta de un engaño
Contra el engañador el mayor daño!

FÁBULA V

El Águila, la Corneja y la Tortuga.

Á una Tortuga un Águila arrebata:
La ladrona se apura y desbarata
Por hacerla pedazos,
Ya que no con la garra, á picotazos[97].
Viéndola una Corneja en tal faena,
La dice[98]:—En vano tomas tanta pena:
¿No ves que es la Tortuga, cuya casa
Diente, cuerno ni pico la traspasa[99];
Y si siente que llaman á su puerta,
Se finge la dormida, sorda ó muerta?—
¿Pues qué he de hacer?—Remontarás tu vuelo
Y en mirándote allá cerca del cielo,
La dejarás caer sobre un peñasco
Y se hará una tortilla el duro casco.
La Águila[100], porque diestra lo ejecuta,
Y la Corneja astuta,
Por autora de aquella maravilla,
Juntamente comieron la tortilla.
¿Qué podrá resistirse á un poderoso
Guiado de un consejo malicioso?
De éstos tales se aparta el que es prudente;
Y así por escaparse de esta gente,
Las descendientes de la tal Tortuga
Á cuevas ignoradas hacen fuga[101].

FÁBULA VI

El Lobo y la Cigüeña.

Sin duda alguna que se hubiera ahogado
Un Lobo con un hueso atragantado,
Si á la sazón no pasa una Cigüeña.
El paciente la ve, hácela seña[102];
Llega, y ejecutiva
Con su pico, jeringa primitiva,
Cual diestro cirujano,
Hizo la operación, y quedó sano.
Su salario pedía,
Pero el ingrato lobo respondía[103]:
—¿Tu salario? ¿pues qué más recompensa
Que el no haberte causado leve ofensa,
Y dejarte vivir para que cuentes
Que pusiste tu vida entre mis dientes?
Marchó, por evitar una desdicha,
Sin decir tus ni mus[104] la susodicha.
Haz bien, dice el proverbio castellano,
Y no sepas á quién; pero es muy llano
Que no tiene razón ni por asomo:
Es menester saber á quién y cómo.
El ejemplo siguiente
Nos hará esta verdad más evidente.

FÁBULA VII