Entre montes por áspero camino,
Tropezando con una y otra peña,
Iba un Viejo cargado con su leña[204]
Maldiciendo su mísero destino.
Al fin cayó, y viéndose de suerte
Que apenas levantarse ya podía,
Llamaba con colérica porfia
Una, dos y tres veces á la muerte.
Armada de guadaña en esqueleto,
La Parca se le ofrece en aquel punto;
Pero el Viejo, temiendo ser difunto,
Lleno más de terror que de respeto,
Trémulo la decía, y balbuciente:
—Yo... señora... os llamé desesperado;
Pero...—Acaba: ¿qué quieres desdichado?
—Que me carguéis[205] la leña solamente.
Tenga paciencia quien se cree infelice,
Que aun en la situación más lamentable,
Es la vida del hombre siempre amable:
El Viejo de la leña nos lo dice.
FÁBULA V
El Enfermo y el Médico.
Un miserable enfermo se moría,
Y el Médico importuno le decía:
—Usted se muere, yo se lo confieso,
Pero por la alta ciencia que profeso,
Conozco, y le aseguro firmemente,
Que ya estuviera sano,
Si se hubiese acudido más temprano
Con el benigno clíster[206] detergente.
El triste enfermo, que lo estaba oyendo,
Volvió la espalda al Médico diciendo:
—Señor Galeno[207], su consejo alabo:
Al asno muerto la cebada al rabo[208].
Todo varón prudente
Aconseja en el tiempo conveniente;
Que es hacer de la ciencia vano alarde,
Dar el consejo cuando llega tarde.
FÁBULA VI
La Zorra y las Uvas.
Es voz común que á más del medio día
En ayunas la Zorra iba cazando:
Halla una parra, quédase mirando
De la alta vid el fruto que pendía[209].
Causábale mil ansias y congojas
No alcanzar á las uvas con la garra,
Al mostrar á sus dientes la alta parra
Negros racimos entre verdes hojas.
Miró, saltó, y anduvo en probaduras;
Pero vió el imposible ya de fijo.
Entonces fué cuando la Zorra dijo:
«No las quiero comer; no están maduras».
No por eso te muestres impaciente,
Si se te[210] frustra, Fabio, algún intento.
Aplica bien el cuento,
Y dí, No están maduras, frescamente.[211]