FÁBULA VII
La Cierva y la Viña.
Huyendo de enemigos cazadores
Una Cierva ligera
Siente, ya fatigada en la carrera,
Más cercanos los perros y ojeadores.
No viendo la infeliz algún seguro
Y vecino paraje
De gruta ó de ramaje,
Crece su timidez, crece su apuro.
Al fin, sacando fuerzas de flaqueza,
Continúa la fuga presurosa:
Halla al paso una Viña muy frondosa,
Y en lo espeso se oculta con presteza.
Cambia el susto y pesar en alegría,
Viéndose á paz y salvo[212] en tan buen hora;
Olvida el bien, y de su defensora
Los frescos verdes pámpanos comía.
Mas ¡ay! que de esta suerte,
Quitando ella las hojas de delante,
Abrió puerta á la flecha penetrante,
Y el listo[213] cazador le dió la muerte.
Castigó con la pena merecida
El justo cielo á la Cierva ingrata.
Mas ¿qué puede esperar el que maltrata
Al mismo que le está dando la vida?
FÁBULA VIII
El Asno cargado de Reliquias[214].
De reliquias cargado
Un Asno recibía adoraciones,
Como si á él se hubiesen consagrado
Reverencias, inciensos y oraciones.
En lo vano, lo grave y lo severo
Que se manifestaba,
Hubo quien conoció que se engañaba,
Y le dijo:—Yo infiero
De vuestra vanidad vuestra locura.
El reverente culto que procura[215]
Tributar cada cual este momento[216],
No es dirigido á vos, señor Jumento;
Que sólo va en honor, aunque lo sientas,
De la sagrada carga que sustentas.
Cuando un hombre sin mérito estuviere
En elevado empleo ó gran riqueza,
Y se ensoberbeciere
Porque todos le bajan la cabeza;
Para que su locura no prosiga,
Tema encontrar tal vez con quien le diga:
—Señor jumento, no se engría tanto,
Que si besan la peana, es por el santo.
FÁBULA IX
Los dos Machos[217].
Dos Machos caminaban: el primero,
Cargado de dinero,
Mostrando su penacho envanecido,
Iba marchando erguido
Al son de los redondos cascabeles.
El segundo, desnudo de oropeles,
Con un pobre aparejo solamente,
Alargando el pescuezo eternamente,
Seguía de reata su jornada
Cargado de costales de cebada.
Salen unos ladrones, y al instante
Asieron de la rienda al arrogante:
Él se defiende, ellos le maltratan;
Y después que el dinero le arrebatan,
Huyen, y dice entonces el segundo:
—Si á estos riesgos exponen en el mundo
Las riquezas, no quiero, á fe de Macho,
Dinero, cascabeles ni penacho.