FÁBULA X

El Cazador y el Perro.

Mustafá (Perro viejo,
Lebrel en montería[218] ejercitado,
Y de antiguas heridas señalado
Á colmillo y á cuerno su pellejo)
Seguía á un Jabalí sin esperanza
De poderle alcanzar; pero no obstante,
Azuzándole su amo á cada instante,
Á duras penas Mustafá le alcanza.
El cerdoso valiente
No escuchaba recados á la oreja;
Y así su resistencia no le deja
Cebar al Perro su cansado diente:
Con airado colmillo le rechaza,
Y bufando se marcha victorioso.
El cazador furioso
Reniega del Lebrel y de su raza.
—Viejo estoy, le responde, ya lo veo;
Mas dí, sin Mustafá ¿cuándo tuvieras
Las pieles y cabezas de las fieras
En tu casa de abrigo y de trofeo?
Miras á lo que soy, no á lo que he sido.
¡Oh suerte desgraciada!
Presente tienes mi vejez cansada,
Y mis robustos años en olvido.
Mas ¿para que me mato[219],
Si no he de conseguir cosa ninguna?
Es ladrar á la luna
El alegar servicios al ingrato.

FÁBULA XI

La Tortuga y el Águila.

Una Tortuga á una Águila rogaba
La enseñase á volar; así la hablaba:
—Con sólo que me des cuatro lecciones,
Ligera volaré por las regiones:
Ya remontado el vuelo,
Por medio de los aires, hasta el cielo,
Veré cercano al sol y las estrellas,
Y otras cien cosas bellas:
Ya rápida bajando,
De ciudad en ciudad iré pasando;
Y de este fácil delicioso modo
Lograré en pocos días verlo todo.
El Águila se rió del desatino:
La[1] aconseja que siga su destino,
Cazando torpemente con paciencia,
Pues lo dispuso así la Providencia.
Ella insiste en su antojo ciegamente:
La reina de las aves prontamente
La arrebata, la lleva por las nubes:
—Mira, la[220] dice, mira cómo subes.
Y al remontarla[221], dijo—¿Vas contenta?
Se la deja caer, y se revienta.
Para que así escarmiente
Quien desprecia el consejo del prudente.

FÁBULA XII